San Lucas

lucas_evangSan Lucas evangelista es considerado por la tradición cristiana el autor del evangelio de Lucas y de los Hechos de los Apóstoles. Fue discípulo de Pablo de Tarso.
 Lucas era natural de Antioquía, por lo tanto no era judío. La tradición lo tiene por Mártir. Escribió una obra inspirado por el Espíritu Santo, dividida en dos partes: Evangelio y Hechos Apostólicos, su fiesta es el 18 de octubre.

Con sólo decir que la vida de María, Madre de Dios, nos viene relatada casi exclusivamente por San Lucas, ya habría suficiente para tenerle un aprecio especial. Pero, es que la misma narración mariana está incluida en un todo, un gran escrito de inapreciable valor: el tercer Evangelio.

San Lucas se nos hace altamente simpático, puesto que escribió una vida de Jesús muy parecida y nunca contraria a las que escribieron los otros tres evangelistas, y, sin embargo, personalísima. En ella nos contó la infancia del Hijo de Dios encarnado; por ello tuvo que hablarnos forzosamente de María. ¿Quién era San Lucas? Un pagano converso, ante todo.

¿Por qué Lucas fue Santo? ¿Por qué Dios le escogió para que nos transmitiera parte de su mensaje salvador? ¿Por qué fue gran confidente de María y de San Pablo?...

Fiel, fidelísimo a Cristo, a quien conoce profundamente por ciencia y por adhesión de amor. Para escuchar y comprender a Jesús, que nos habla por los Apóstoles y sus sucesores, es preciso purificarse, arrepentirse de los pecados. Explica luego que la humanidad ha sido como el hijo que abandona a su padre y se aleja; gasta su fortuna y salud en vicios. Después, no obstante, se arrepiente, puesto que ha sufrido mucho lejos de su casa paterna, y vuelve: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti». El Señor es Dios de Misericordia. También insiste en la renuncia de sí mismo. En la pobreza: dichosos los que siendo pobres no buscan su felicidad quedándose en las cosas de esta vida, sino en Dios, donde se hallan las verdaderas riquezas.

La obra de San Lucas, en fin, es un tratado de oración, contemplativa y serena; el sentido cristiano de la alegría: quien se sabe en posesión de Dios comienza a ser feliz desde ahora. Y una descripción inigualable sobre el Espíritu Santo, alma de la Iglesia. A los Hechos Apostólicos se ha venido en llamarlos con razón: «Evangelios del Espíritu Santo». Y cuanto alienta y palpita en la luminosa urdimbre de sus escritos, es, a la vez que inspiración divina, una continua vivencia teologal del alma del Evangelista, que supo vivir lo que escribió y predicó, hasta dar la vida por Aquél a quien amaba: Jesús.


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