Solemnidad de todos los Santos
La Iglesia Primitiva acostumbraba celebrar el aniversario de la muerte de los mártires, pero como frecuentemente habían grupos de estos que morían el mismo día, la Iglesia, sintiendo que cada mártir debería ser venerado, señalo un día en común para todos. Mucho tiempo después el Papa Gregorio III (731-741) consagró una capilla en la Basílica de San Pedro en Roma para todos los Santos y arregló que el aniversario fuera el día 1o. de noviembre. Sólo hasta mediados del siglo IX Gregorio IV extendió esta celebración para toda la Iglesia.
En esta fiesta de la Solemnidad de todos los Santos la Iglesia nos presenta la vida ejemplar de miles de hombres y mujeres, tanto de la vida consagrada como laicos, como modelos a imitar. Al contemplar la vida de los santos, se nos revela la inagotable variedad y riqueza de Jesucristo, quien mejor que ellos imitaron y reprodujeron en si mismos la vida de Nuestro Señor?
Pero la Iglesia no solo festeja a los santos canonizados, sino también a los santos anónimos y desconocidos, que también se encuentran en la Casa del Padre. Se trata de cristianos común y corrientes como nosotros, que a través de una vida de santidad llegaron a la meta de su vida terrenal y entraron, tal vez después de un tiempo de purificación, en la comunidad del cielo.
Ellos son los bienaventurados que ya están gozando de la visión de Dios, y nos hacen suspirar también a nosotros en el deseo de que podamos un día, a ejemplo de ellos, lograr la meta final. Los santos también desarrollan una parte muy importante en la economía de nuestra salvación, ya que actúan como intercesores nuestros ante el trono del Padre.
Todos los bautizados estamos llamados a ser santos y debemos esforzarnos para llegar a serlo, ya que San Pablo nos enseña que sólo así podremos ver el rostro de Dios. Es necesario imitar a estos hombres y mujeres extraordinarios, que así como nosotros, también tuvieron sus limitaciones y debilidades, pero que confiados en la gracia y la ayuda de Dios, lucharon para poder vencerlas.
La Purísima del Pozo, Nuestra Señora del Rosario, en todo lo largo y ancho de su mensaje nos hace un llamado a la santidad en estos tiempos difíciles, tiempos donde el hombre de hoy vive sumergido en el mundo del placer, en el materialismo, en los vicios y en las comodidades, en este tiempo donde el hombre se encuentra adormecido y no visualiza, ni siente la vida espiritual.
Como pedido de su Amadísimo Hijo, Ella vino a formar una Nueva Estirpe de Cristianos Verdaderos, hombres y mujeres que se han ido comprometiendo a vivir el Evangelio, y con su boca y ejemplo luchan para poner a Dios como su prioridad. La vida de estos seres esta basada en el plan de entrega y crecimiento espiritual para alcanzar la plenitud, que la Virgen del Pozo dejo en su cuarto mensaje, mismo plan del cual todos los santos participaron en gran medida.
1.- Imitar a su Amadísimo Hijo.
2.- Llevar una vida disciplinada en la oración, comenzando en la mañana, al mediodía, en la tarde y concluyendo el día con el rezo del Santo Rosario.
3.- Ayuno frecuente acompañado de abstinencia en el día sexto.
4.- Vivir complacidos en una vida de alegría sin fin, proporcionada por la gracia pese a la cruz y el sufrimiento y tener una disposición amplia a la penitencia y al sacrificio.
5.- Ayudar a su Hijo a aliviar el peso de la cruz, haciéndose partícipes de la purificación de la humanidad por la mortificación de los sentidos.
6.- Todo esto culminado con la alegría de participar intensa e íntimamente de la Sagrada Eucaristía.
7.- En la búsqueda de la conversión de los demás con un apostolado firme, constante y diligente.
Fuente: www.es.catholic.net



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