La Inmaculada Concepción de María
En el mes de diciembre, la Iglesia nos invita a que elevemos nuestra mirada a María Santísima; hace un alto y se engalana para celebrar la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María. Exalta el hecho de que Ella no sólo no cometió pecado alguno, sino que quedó preservada incluso de esa común herencia del género humano que es la culpa original, a causa de la misión a la que Dios la había destinado desde siempre: ser la Madre del Redentor. Este será un tema para siempre.
En el siglo IX se introdujo en Occidente la fiesta de la Concepción de María, primero en Nápoles y luego en Inglaterra. Hacia el año 1128, un monje de Canterbury llamado Eadmero escribe el primer tratado sobre la Inmaculada Concepción donde rechaza la objeción de San Agustín contra el privilegio de la Inmaculada Concepción, fundada en la doctrina de la transmisión del pecado original en la generación humana.
El fundamento bíblico de este dogma se encuentra en las palabras que el Ángel dirigió a María Santísima: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo» (Lucas 1, 28). «Llena de gracia», en el original griego «kecharitoméne», es el nombre más bello de María, nombre que le dio el mismo Dios para indicar que desde siempre y para siempre es la amada, la elegida, la escogida para acoger el don más precioso, Jesús, «el amor encarnado de Dios» (encíclica «Deus caritas est», 12).
El Apocalipsis narra sobre la «mujer vestida de sol» (Ap. 12,1). Ella representa la santidad de la Iglesia, que se realiza plenamente en la Santísima Virgen, en virtud de una gracia singular. Ella es todo esplendor porque no hay en ella mancha alguna de pecado. Lleva el reflejo del esplendor divino, y aparece como signo grandioso de la relación esponsal de Dios con su pueblo.
Hay argumentos contra la Inmaculada Concepción de María que presentan protestantes y otros de diferentes denominaciones iglesias separadas, aquí damos dos, veamos las respuestas:
1. La Inmaculada Concepción contradice la enseñanza de San Pablo: "todos han pecado y están lejos de la presencia salvadora de Dios" (Romanos 3:23).
***Respuesta católica: Si fuéramos a tomar las palabras de San Pablo "todos han pecado" en un sentido literal absoluto, Jesús también quedaría incluido entre los pecadores. Sabemos que esta no es la intención de S. Pablo ya que después menciona que Jesús "no conoció pecado" (2Cor 5,21; Cf. Hebreos 4:15; 1 Pedro 2:22).
2. Según algunos, María reconoce que ella era pecadora y que necesitó ser rescatada por la gracia de Dios (Lucas 1: 28, 47).
****Respuesta católica: Que María se declarara pecadora es falso. Que ella se declarara salvada por Dios es cierto. En Lc 1:48 ella reconoce que fue salvada. ¿De qué? Del dominio del pecado, por gracia de Dios. Pero para eso no tuvo que llegar a pecar. Dios la salvó preservándola del pecado. El dogma de la Inmaculada Concepción de María no niega que ella fue salvada por Jesús. En María las gracias de Cristo se aplicaron ya desde el momento de su concepción. El hecho de que Jesús no hubiese aún nacido no presenta obstáculo pues las gracias de Jesús no tienen barreras de tiempo y se aplicaron anticipadamente en su Madre. Para Dios nada es imposible.
La Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María tiene un llamado para todos nosotros:
1. Nos llama a la purificación; ser puros para que Jesús resida en nosotros;
2. Nos llama a la consagración al Corazón Inmaculado de María, lugar seguro para alcanzar conocimiento perfecto de Cristo y camino seguro para ser llenos del Espíritu Santo.
"Con la Inmaculada Concepción de María comenzó la gran obra de la Redención, que tuvo lugar con la sangre preciosa de Cristo. En Él toda persona está llamada a realizarse en plenitud hasta la perfección de la santidad" Juan Pablo II, 5-XII-2003.
Nuestra Señora del Rosario, la Purísima del Pozo nos vuelve a enfatizar la importancia de la pureza. En el sexto mensaje, Ella misma se autoproclama: “…Yo soy la Purísima del Pozo, nuestra Señora del Rosario, enviada en estos tiempos por el Señor, mi Dios, mi Hijo Jesús…”. Tenemos un llamado a luchar por mantenernos puros y limpios de obras, palabras y pensamientos en todo momento, eso lo conseguiremos viviendo el plan de entrega y crecimiento espiritual que Ella nos dejo en su cuarto mensaje dejado en Sabana Grande, solo así seremos hijos de su Nueva Estirpe y alcanzaremos la Plenitud pedida por Su Hijo.


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