La Conversión

La Iglesia siempre nos ha presentado la Cuaresma como un tiempo propicio para la conversión, para hacer cambios importantes en nuestras vidas que conlleven romper con  todo aquello que nos aleja de Dios, despojándonos de nuestros egoísmos, volviendo a la gracia, en algunos casos o permaneciendo en ella, en otros.

Cuando hablamos de conversión hay un personaje bíblico, cuya voz clama en el desierto de la Cuaresma gritando: “¡Conviértanse!”. Es  Juan el Bautista.

Juan el Bautista, el precursor de Cristo, fue el último de los profetas. Los demás profetas anunciaron la venida de Jesús, del Mesías esperado siglos antes de su nacimiento. Juan vestía un manto de pelo de camello con un cinturón de cuero y se alimentaba con langostas y miel de abeja silvestre. El invitaba al pueblo a cambiar su vida y su corazón anunciando a todos que el Reino de los Cielos estaba cerca. Tuvo la misión de preparar los caminos del Señor, dando testimonio de Cristo y ayudando a los sencillos de corazón a encontrarlo, pues Cristo, el Mesías anunciado por los profetas, estaba ya entre aquel pueblo. El fue preparando los corazones mediante la predicación y la penitencia para que recibieran al Salvador.

Juan invitaba al pueblo a la conversión. Así mismo, nuestra Virgen del Rosario, la Purísima del Pozo, nos pide en su tercer mensaje que nos convirtamos en “la voz del camino”. El hombre que va en búsqueda de Dios tiene que mirarse y tomar la decisión de cambiar de vida, de transformarse, cambiando de conducta, rechazando las tentaciones, viviendo como Dios ha enseñado y sobre todo, proclamando con su ejemplo y santidad que “existe una vida sobrenatural y eterna”, como lo dice la Virgen del Pozo en su sexto mensaje.

Tenemos que morir al pecado y nacer a la vida de la gracia, por eso la conversión es sinónimo de muerte. Cristo vino a salvar a los pecadores de la muerte eterna y para esto hace falta voluntad y determinación sometiéndose a la voluntad de Dios. Ésta es la verdadera conversión, caminar por el camino estrecho de la santidad al cual nos invita la Virgen del Rosario del Pozo en esta Cuaresma siendo éste el único camino que nos conducirá a la salvación.

Cuando meditamos la Pasión de Cristo nos encontramos con que El sufrió toda esa crueldad por amor, para que saliéramos del pecado y comenzáramos una vida nueva, llena de esperanza. Conversión es esperanza, esperanza en nuestra resurrección, en la vida real, auténtica y verdadera que nos espera a todos, esperanza en que podemos hacer de este mundo uno de santidad, paz, justicia y amor de Dios.

Es por esto que el pedido de conversión de la Purísima del Pozo es tan urgente, es un pedido de Su Hijo. Ella nos dice en su cuarto mensaje: “El espera y yo les llamo a la conversión inmediata y sincera”. En este orden de ideas vemos como en los mensajes revelados hasta el momento, el pedido mayor de la Virgen es que hagamos realidad el mayor de todos los mandamientos, amar al Señor con todo nuestro corazón, nuestra alma y mente (sexto mensaje) y que nos convirtamos en hijos nuevos. ¿Y por qué habla de hijos nuevos?  Porque tenemos que salir del hombre viejo y comenzar una vida de transformación, a través de la oración, el sacrificio, el retorno a los sacramentos en particular a la Eucaristía y dedicar nuestro tiempo para servir a Dios.

Hagamos la determinación de cambiar nuestra vida, de comenzar tomados de la mano de María Santísima el camino de la transformación. Vivamos las virtudes como Ella nos pide y veremos cómo nos llenamos de una alegría inexplicable. Es la alegría de la gracia que nos hace partícipes del pedido de María Santísima.

Imitemos a Cristo sometiéndonos a la voluntad de Dios y caminemos junto a la Virgen por el camino de la virtud hacia la santidad, esperando confiados esa promesa que nos hace en su sexto mensaje: “Prometo, que si hicieras todo lo pedido por mi Hijo Jesús y lo señalado en mis mensajes, te protegeré del maligno y de todos los males; en especial, te ayudaré para que encuentres la salvación eterna, la prometida por mi Hijo Jesús…”

1 Responses »

  1. ¡¡¡AMÉN, AMÉN Y AMÉN!!! TE DECIMOS , MADRE AMADÍSIMA. TÓMANOS DE LA MANO E INFÚNDENOS TUS GRACIAS Y DONES PARA QUE PODAMOS, COMO TÚ LO HICISTE, SER HIJOS HUMILDES, FIELES Y OBEDIENTES.
    ¡¡¡BENDITA SEAS POR SIEMPRE MARÍA SANTÍSIMA!!!
    BENDITOS SEAN TAMBIÉN TODOS TUS HIJOS, HERMANOS NUESTROS, QUE NOS AYUDAN A CONOCERLOS MÁS Y RECORRER EN FORMA MÁS ACERTADA ESE DIFÍCIL CAMINO HACIA LA SANTIDAD.
    DIOS LOS BENDIGA MUY RICAMENTE,SHALOM
    ¡VIVA MARÍA , LA VENCEDORA DE SATANÁS!