La Mortificación

La mortificación resulta ser un medio por el cual podemos acceder a un conocimiento y comprensión de los misterios de Dios, de las relaciones que se suscitaron y siguen acaeciendo entre los hombres y el esfuerzo por contactar y estar en la presencia del Creador. Ciertamente el mensaje que la Madre de Dios nos dejó en su manifestación en Sabana Grande, Puerto Rico, habla de un “aliviar el peso de la cruz”, por la mortificación de los sentidos de manera libre y voluntaria por parte nuestra ya que Nuestro Señor Jesucristo sufrió y sigue sufriendo por nuestras infidelidades e indiferencia ante el mensaje de redención.

Es la mortificación la respuesta para nuestros tiempos, la negación de nosotros mismos es una ecuación que se presenta como amor igual a sacrificio. La mortificación es la oportunidad de crecer como seres humanos, es la oportunidad de acceder a la plenitud de Cristo.

Son innumerables los textos bíblicos que fundamentan la mortificación como un evidente pedido y recomendación de parte de Dios, es la formula única que nos presenta el sacrificio en la cruz, perpetuado en la celebración de la Santa Misa.

La mortificación significa darle muerte a una dimensión de nuestro ser que nos impide acceder a la presencia de Dios, esa dimensión que heredamos de nuestros primeros padres, ese pecado original que nos dejara la concupiscencia como algo inherente al hombre, y que en realidad tenemos que vencer. La mortificación pone así orden a nuestro ser en todo sentido. Una persona mortificada entra en un proceso de purificación de los sentidos tal, que a medida que avanza en esta práctica, los sentidos se desarrollan de manera notable, puedes captar con mayor sensibilidad los acontecimientos que nos rodean, incluso puedes transformar lo negativo en positivo, en cosas agradables a Dios que repercuten en un beneficio para la humanidad ya que una persona mortificada es una persona que desarrolla sentido de responsabilidad por su sociedad, cumple con sus obligaciones de cada día, se esfuerza de tal manera que ejerce dominio de sí mismo y por ende produce de manera paulatina el orden establecido por el Padre, regresa los valores del reino de Dios para que sean de nuevo la norma de vida entre los hombres.

Es también un medio de preparación para participar plenamente de los sacramentos de la Iglesia, es el canal de gracia que se abre para que Dios mismo actúe en nosotros, ya que por la mortificación buscamos a Dios y no a nosotros mismos y nos proporciona la capacidad de ser santos por el simple hecho de ser canales de gracia para otros.

Se practica de diversas maneras y atiende a distintas problemáticas y circunstancias. La forma más  concreta es dominar los sentidos de manera que, o les podemos exigir más de lo que normalmente aceptan o podemos negarles lo que resulte placentero, de esta manera reforzamos notablemente nuestra voluntad y fortalecemos indudablemente cada sentido haciendo que desarrollen capacidades nuevas o que vuelvan a experimentar sensibilidad.

Toda mortificación debe hacerse por amor a Dios, nunca para exaltar el ego o figurar como atletas de la mortificación, además de reflejar un espíritu de servicio siempre listo para atender las necesidades de los demás. Prácticamente es un elemento clave en la construcción de la sociedad del futuro, la nueva estirpe, pues los elementos como la negación del yo, ordenan y moderan nuestras malas inclinaciones y nos llevan a dominar el amor propio y desordenado son la garantía de la construcción de una nueva civilización y el signo de restitución que necesita la humanidad.

1 Responses »

  1. Definitivamente nuestra sociedad necesita alternativas que posibiliten la restauración de las culturas. Los valores asceticos con su tinte cristiano son, sin duda, la mejor opción para nosotros que vivimos inmersos en una sociedad confundida y desesperada a borde del colapso.

    Gracias por el artículo y la página, su espiritualidad y el mensaje de la Virgen del Pozo nos ha dado una nueva esperanza.

    Dios los bendiga.