San José y el Salto de la Fe

San José es uno de los mejores y más grandes ejemplos de fe. La Sagrada Escritura nos presenta a José como un hombre justo, descendiente de la casa de David, desposado con una joven Virgen de Nazaret llamada María. (Lc  1, 26-28) (Mt  1, 18-19).

En el Antiguo Testamento se les llamaba justos a los hombres de fe que cumplían la Ley de Dios.  Otro dato que tenemos de José es que fue un hombre de profundo silencio y oración, siempre a la escucha de la voz de Dios, y de obediencia inmediata a Sus mandatos.  Hombre de silencio y acción.  No lo encontramos dando grandes discursos, en cambio, sí lo vemos obrando, cumpliendo los designios divinos.

La fe que Dios pidió a José fue inmensa y continua.  Su vida fue un constante acto de fe, de silencio y de obediencia.  Así debe ser la nuestra, cuando sabemos que tenemos que cumplir con nuestros compromisos con Dios, aunque la razón, la conveniencia y el mundo nos digan lo contrario.  Debemos siempre obrar movidos por la fe, tal como lo hizo San José.

Las Sagradas Escrituras nos narran episodios de la vida de este varón lleno de fe, que fue guiado, en sueños por un ángel, para que cumpliera los designios de Dios. Así vemos, como el ángel le anuncia el embarazo de la Virgen María como obra del Espíritu Santo (Mt 1,20-21), le anuncia que deben huir a Egipto, pues Herodes buscaba al Niño para matarlo, y también le dice cuando deben volver a Israel (Mt 2, 19-21).

San José, hombre de gran fe, tomó la determinación de creer y sin mediar palabras ni preguntar a Dios, cumple inmediatamente el mandato del ángel abandonándose a la Voluntad de Dios.  José con su silencio y renuncia, permite a Dios obrar en su vida y en la de María, haciendo suya la obra de Dios.

La fe que Dios pidió a José fue inmensa y continua.  Su vida fue un constante acto de fe, de silencio y de obediencia.  Así debe ser la nuestra, cuando sabemos que tenemos que cumplir con nuestros compromisos con Dios, aunque la razón, la conveniencia y el mundo nos digan lo contrario.  Debemos siempre obrar movidos por la fe, tal como lo hizo San José.

Sin vacilar ni preguntar, él cree en las palabras reveladas en sueños.  Dio el salto de la fe.  Es la fe que cree en las promesas de Dios y no se fija en los peligros y obstáculos que presenta la razón. San José tuvo que abandonarlo todo, casa, trabajo, seguridad, amistades.  Él escoge creer los sueños reveladores del ángel, y sin dudar obedecer de inmediato.  Dejando todo atrás sin pensar en las consecuencias adversas que le presentaba la razón.

Dios probó la fe de San José durante toda su vida, y él respondió siempre con una determinación inquebrantable que le ganó la corona de la gloria. Sin embargo, la fe de San José fue probada a través de algo tan intangible como un sueño.  Dios le habló sólo en sueños y a través de un ángel al hombre que había sido escogido nada menos que como custodio y guía aquí en la tierra de su Único Hijo, Jesús y de su Hija, Madre y Esposa, María Santísima.

Cuántas veces tenemos sueños reveladores y al amanecer nos emocionamos y nos sentimos seguros de que Dios nos ha hablado.  Sin embargo, al pasar los días lo vamos olvidando y al cabo del tiempo decimos que sólo fue un sueño.  Es porque nos falta fe.  Nos falta determinación para dar el salto heroico de la fe que dio San José durante toda su vida.

El mundo de hoy con toda su ciencia y progreso no puede aceptar aquello que no puede explicar con la razón, y necesita de pruebas palpables y medibles para poder creer en algo.  No sabe que por la razón el hombre puede reflexionar sobre todo lo creado, pero solamente con la luz de la fe podrá contemplar los misterios de Dios.  San Pablo, en la Epístola a los Corintios, nos dice: "El hombre con su propia inteligencia no capta las cosas del Espíritu.  Para él son locuras, no las puede entender, porque para eso necesita del espíritu”. (1 Cor 2, 14-15)

Por esto la Santísima Virgen, la Purísima del Pozo, en sus mensajes nos alerta sobre el gran peligro que amenaza a esta humanidad sin fe. Corre el peligro de perderse para siempre, pues sin fe no podrá jamás escuchar, ni entender y mucho menos cumplir la voluntad de Dios.

María Santísima nos invita en este tiempo a llenarnos de fe; a romper todas las barreras y obstáculos que el mundo nos presenta y a responder, sin dudas ni demoras, sin temores ni reservas a su llamado.  Nuestra fe, igual que la de San José será continuamente probada a través de toda nuestra vida.  Será probada a través de situaciones y signos sencillos y cotidianos, que la razón no podrá reconocer, y solamente los hombres de oración, silencio y sacrificio sabrán reconocerlas como pruebas de Dios.  En este tiempo de tanta confusión y tanto materialismo sólo los hombres de gran fe podrán superar las pruebas que a través de la razón, se presenten.  Con la gracia de Dios, y una gran determinación podrá dar el salto heroico de la fe, que los llevará al cumplimiento perfecto de la voluntad de Dios, haciendo realidad el pedido de Plenitud que Nuestra Señora del Pozo ha venido a traer.

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