Escuelita: “La Visión del Crucificado”

Juan Ángel, el único niño varón de los tres niños videntes acostumbraba repetir con inocencia a la Santísima Virgen: "Quiero estar a tu lado siempre". Y Ella le replicaba: "Eso es lo que tú dices ahora".  Un día, al repetirle el niño su deseo, la Virgen Santísima levantó su mano derecha y frente a los ojos del niño apareció una visión.

Allí estaba un hombre todo ensangrentado, llevando sobre sus hombros un pesado madero que le hacía caer sobre las piedras del camino, abriéndole sus heridas cada vez más;  le escupían, le insultaban y le daban latigazos.

Así fue subiendo hacia un monte donde lo colocaron sobre una cruz. Con duros martillazos traspasaron sus manos y sus pies con clavos sin punta, causándole un profundísimo dolor.  El niño miraba angustiado sin comprender y, entonces, la Santísima Virgen le dijo: "Eso es estar a mi lado".

De esta manera, la Virgen Santísima le dejaba saber que su vida, al igual que la de todo cristiano verdadero, sería como la vida de Cristo: vida de sufrimiento, calvario y cruz.  Tendremos que seguir los pasos del Maestro para poder alcanzar algún día la gloria de la resurrección.

En sus mensajes dejados en Sabana Grande, la Purísima del Pozo, nos muestra el valor del sufrimiento y cómo es que debemos llevarlo. Por ejemplo, en el segundo mensaje nos dice: “el sufrimiento será necesario”; en el cuarto nos invita a: “vivir complacidos en una vida de alegrías sin fin, proporcionada por la gracia pese a la cruz y el sufrimiento”. Luego en su sexto mensaje nos dice cosas importantes; por un lado hace referencia al sufrimiento y valor redentor de Cristo cuando dice: “vencerá el amor que emana del sacrificio y la entrega; vencerá el amor verdadero, ese amor que llevó a nuestro Señor Jesús a la resurrección, venciendo la muerte...”. Por otro lado, Ella nos motiva a  creer y edificar y la vida eterna recordándonos que allí “Dios nos proveerá todo sin sufrimientos”.

Nuestros sufrimientos unidos a los de Cristo tienen un valor redentor. Escuchemos en nuestro corazón las primeras palabras de la Virgen del Pozo, el tercer día de su aparición, cuando dijo: “No tengan miedo”. No tengamos miedo al sufrimiento, Dios nos dará la gracia para llevar nuestra cruz y María Santísima estará al lado nuestro para darnos fortaleza y consuelo.

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