El sacerdocio: la mejor manera de servir a Dios. Testimonio del hermano Enoc María de la Fe, MCS.

Hno. Enoc María de la Fe, MCS

Ruge el león, ¿quién no temerá? Habla el señor Yahvé, ¿quién no profetizará? (Am 3,8) Como dice el profeta Amos así me llamó el Señor a su servicio. Es como cuando estás distraído y de repente escuchas el rugido del león a tus espaldas, un ruido que penetra hasta los huesos. Y cuando es el Señor quien llama, ¿quién puede resistir a su llamado y no responder? Nací el 12 de noviembre de 1984. Soy natural de Caguas, Puerto Rico. Mi vida fue marcada desde temprana edad con esta advocación a la Virgen del Pozo que ha sido desde entonces fuente de innumerables gracias, milagros y grandes conversiones en toda mi familia y por eso no me cupo la menor duda del poder intercesor de María, nuestra Señora del Rosario… Vivía una vida de “apariencias”, totalmente superficial, de egoísmo, de vanidades donde Dios estaba siempre en el último lugar, de esos tipos de vida que hacen llorar a la Virgen. Conocí los mensajes dejados por la Virgen en 1953, y es aquí que sentí como el rugido del león, su mensaje me tocó en lo más profundo del alma, es como cuando despiertas y ves la realidad, me dedique a profundizar en su mensaje y solo así descubrí la esencia de la Buena Nueva de Cristo, primero la convicción de que existe una vida sobrenatural, que es eterna. Y lo más importante que hay que amar a Dios sobre todas las cosas, no importa cuán difícil sea nuestra vida, Dios merece siempre estar en primer lugar.

Conocí un grupo de jóvenes, Neo Juventud aquí comencé a conocer y amar a Dios y a su Iglesia, a rezar el rosario, a participar de los sacramentos, especialmente de la confesión y de la Eucaristía, la importancia de la vida ascética y como vivir una vida virtuosa para poder alcanzar la santidad. Como dice San Pablo, si Cristo no hubiera resucitado vana sería nuestra Fe. Si no estamos convencidos de la existencia de la vida sobrenatural y eterna, vana es nuestra Fe. Y después de luchas internas conmigo y con Dios, acabándome de graduar de la escuela superior decidí dar el salto de la fe y en el ejercicio de libertad más grande decidí consagrarme a los 17 años de edad totalmente a Dios y para siempre, sin vuelta atrás como promulgador de la Virgen del Rosario del Pozo y de sus mensajes. Vivir haciendo la voluntad de Dios es duro, es muy duro, y es un proceso arduo de negación del “Yo” constantemente, pero da una satisfacción inexplicable saber que estás luchando seriamente por la conversión de las almas. Y ese es mi mayor anhelo, el de llevar almas a Dios. Y por eso le prometí guiar hijos o apóstoles de María hacia su crecimiento espiritual.

Luego de 2 años algo me decía que aún tenía algo que consagrar. Y aquí decidí dejarlo todo, dejar mi nación, mi familia y todo lo demás al cuidado único y exclusivo de Dios y yo por mi parte dedicarme a servirlo en la mejor manera posible; el sacerdocio. La Virgen nos invita a tener un amor grande por la Eucaristía y que mejor forma de vivir ese amor que ofreciéndome a Él y poder ser instrumento de ese sacrificio perfecto aquí en la tierra. La Virgen nos invita a no tener miedo de ser hijos de la restitución, de ser verdaderos cristianos, a amar sin condiciones y sobre todo a promulgar su nombre como Madre del Verdadero Camino hacia el Padre. Ella, la Purísima del Pozo viene por pedido de su Hijo como Reina y Señora a recordarnos cuál es nuestra meta final y como es que Dios quiere ser servido, amado y adorado. Y nos ha dado también las gracias para poder cumplirlo y es por esto que en nuestras manos está.

Los comentarios están cerrados.