La Asunción de María a los cielos.
“Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de su alianza. Después apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Apareció otra señal en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar a luz, dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios. Se oyó una gran voz en el cielo: -«Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo.»” (Apoc 11, 19; 12, 1. 3-6)
“Con esa alegoría bíblica de la Mujer, el Sol y las estrellas, y con el sencillo lenguaje de nuestro año litúrgico, se nos indica la Asunción del cuerpo de María en los Cielos. Tres conceptos capitales se mencionan: María, Cielo y cuerpo. María es el ser humano que se nos ha adelantado plenamente, y que por ello es para nosotros un foco de esperanza.” Así hablaba en una homilía Benedicto XVI, cuando era el Cardenal J. Ratzinger.
Celebramos el dogma de la Asunción de María, que se refiera a que la Madre de Nuestro Señor, luego de su vida terrenal fue llevada en cuerpo y alma a la gloria celestial. Este dogma fue proclamado por el Papa Pío XII, el 1ero. de noviembre del 1950, en la constitución Munificentisimus Deus. Decía Pío XII: "Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que La Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo".
Este dogma de fe, nos invita a esperar y tener fe en la vida sobrenatural y eterna, precisamente en estos tiempos cuando ya no se
cree. Por este dogma, podemos perfectamente entender porque nuestra Madre del Cielo, se aparece constantemente desde siglos atrás en diferentes lugares del planeta. En su aparición en Sabana Grande, Puerto Rico, Ella insistentemente quiere hacernos notar ese mundo sobrenatural; por eso vemos como en su sexto mensaje, primero nos advierte sobre las causas de esta pérdida de fe: "…La humanidad se sumerge en el mundo del placer, en el materialismo, en los vicios, en las comodidades y los seres humanos se adormecen y no visualizan ni sienten la vida espiritual… Se ha perdido la esperanza en la verdadera vida, la vida eterna…”
El misterio de la Asunción de la Santísima Virgen María al Cielo nos invita a hacer una pausa en la agitada vida que llevamos para reflexionar sobre el sentido de nuestra vida aquí en la tierra, sobre nuestro fin último: la Vida Eterna, junto con la Santísima Trinidad, la Santísima Virgen María y los Ángeles y Santos del Cielo. Sobre todo cuando Ella misma nos continua diciendo: “…Esparzan por el mundo la nueva de mi Hijo, existe una vida sobrenatural y eterna. Ésta no es ilusión ni es etérea, sino que es auténtica, palpable. Anuncien la vida después de la muerte como el nacimiento a la verdadera vida, donde ya no se muere y Dios nos proveerá todo sin sufrimientos. En la vida eterna participaremos de la gracia bendita y eterna del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; será la felicidad eterna…”
Festejemos con inmensa alegría la Asunción de María a los Cielos, porque Ella nos precede y nos muestra que es posible alcanzar la plenitud pedida por Cristo: “Plenitud es lo que quiero, porque así me lo ha encargado mi Hijo” (Frag. 2do. Mensaje). Acojamos sus mensajes, en especial el plan de entrega y crecimiento espiritual que nos propone en su cuarto mensaje y veremos cómo seremos “partícipes de la restitución hacia el Propósito Séptimo, la Plenitud de mi Hijo, ahora y para siempre”.



Artículos(RSS)
dlmdm...
es algo totalmente maravilloso..............
pues ahy que seguir en el buen camino y resar por toda la humanidad para su convercion..
y alcabsar la promesa de nuestro señor jesucristo
dlmdm...
es una explicacion muy hermosa gracias.......