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	<title>virgendelpozo.org - Sitio web oficial de la Misión de la Virgen del Rosario del Pozo &#187; Cuaresma</title>
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		<title>Mensaje del Papa Benedicto XVI para la Cuaresma 2012. (2ª parte)</title>
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		<pubDate>Thu, 23 Feb 2012 06:10:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Maruk7</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El «fijarse» en el hermano comprende además la solicitud por su bien espiritual. Y aquí deseo recordar un aspecto de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><a href="http://virgendelpozo.org/files/2012/02/ceniza_papa_slide.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-6430" src="http://virgendelpozo.org/files/2012/02/ceniza_papa_slide.jpg" alt="" width="600" height="220" /></a>El «fijarse» en el hermano comprende además la solicitud por su bien espiritual. Y aquí deseo recordar un aspecto de la vida cristiana que a mi parecer ha caído en el olvido: la corrección fraterna con vistas a la salvación eterna. Hoy somos generalmente muy sensibles al aspecto del cuidado y la caridad en relación al bien físico y material de los demás, pero callamos casi por completo respecto a la responsabilidad espiritual para con los hermanos. No era así en la Iglesia de los primeros tiempos y en las comunidades verdaderamente maduras en la fe, en las que las personas no sólo se interesaban por la salud corporal del hermano, sino también por la de su alma, por su destino último.</p>
<p style="text-align: justify">En la Sagrada Escritura leemos: «Reprende al sabio y te amará. Da consejos al sabio y se hará más sabio todavía; enseña al justo y crecerá su doctrina» (Pr 9,8ss). Cristo mismo nos manda reprender al hermano que está cometiendo un pecado (cf. Mt 18,15). El verbo usado para definir la corrección fraterna —elenchein— es el mismo que indica la misión profética, propia de los cristianos, que denuncian una generación que se entrega al mal (cf. Ef 5,11). La tradición de la Iglesia enumera entre las obras de misericordia espiritual la de «corregir al que se equivoca». Es importante recuperar esta dimensión de la caridad cristiana.</p>
<p style="text-align: justify">Frente al mal no hay que callar. Pienso aquí en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adecúan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien. Sin embargo, lo que anima la reprensión cristiana nunca es un espíritu de condena o recriminación; lo que la mueve es siempre el amor y la misericordia, y brota de la verdadera solicitud por el bien del hermano. El apóstol Pablo afirma: «Si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado» (Ga 6,1). En nuestro mundo impregnado de individualismo, es necesario que se redescubra la importancia de la corrección fraterna, para caminar juntos hacia la santidad. Incluso «el justo cae siete veces» (Pr 24,16), dice la Escritura, y todos somos débiles y caemos (cf. 1 Jn 1,8).</p>
<p style="text-align: justify">Por lo tanto, es un gran servicio ayudar y dejarse ayudar a leer con verdad dentro de uno mismo, para mejorar nuestra vida y caminar cada vez más rectamente por los caminos del Señor. Siempre es necesaria una mirada que ame y corrija, que conozca y reconozca, que discierna y perdone (cf. Lc 22,61), como ha hecho y hace Dios con cada uno de nosotros.</p>
<p style="text-align: justify">2. "Los unos en los otros": el don de la reciprocidad.</p>
<p style="text-align: justify">Este ser «guardianes» de los demás contrasta con una mentalidad que, al reducir la vida sólo a la dimensión terrena, no la considera en perspectiva escatológica y acepta cualquier decisión moral en nombre de la libertad individual. Una sociedad como la actual puede llegar a ser sorda, tanto ante los sufrimientos físicos, como ante las exigencias espirituales y morales de la vida. En la comunidad cristiana no debe ser así.</p>
<p style="text-align: justify">El apóstol Pablo invita a buscar lo que «fomente la paz y la mutua edificación» (Rm 14,19), tratando de «agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación» (ib. 15,2), sin buscar el propio beneficio «sino el de la mayoría, para que se salven» (1 Co 10,33). Esta corrección y exhortación mutua, con espíritu de humildad y de caridad, debe formar parte de la vida de la comunidad cristiana.</p>
<p style="text-align: justify">Los discípulos del Señor, unidos a Cristo mediante la Eucaristía, viven en una comunión que los vincula los unos a los otros como miembros de un solo cuerpo. Esto significa que el otro me pertenece, su vida, su salvación, tienen que ver con mi vida y mi salvación. Aquí tocamos un elemento muy profundo de la comunión: nuestra existencia está relacionada con la de los demás, tanto en el bien como en el mal; tanto el pecado como las obras de caridad tienen también una dimensión social.</p>
<p style="text-align: justify">En la Iglesia, cuerpo místico de Cristo, se verifica esta reciprocidad: la comunidad no cesa de hacer penitencia y de invocar perdón por los pecados de sus hijos, pero al mismo tiempo se alegra, y continuamente se llena de júbilo por los testimonios de virtud y de caridad, que se multiplican. «Que todos los miembros se preocupen los unos de los otros» (1 Co 12,25), afirma san Pablo, porque formamos un solo cuerpo.</p>
<p style="text-align: justify">La caridad para con los hermanos, una de cuyas expresiones es la limosna —una típica práctica cuaresmal junto con la oración y el ayuno—, radica en esta pertenencia común. Todo cristiano puede expresar en la preocupación concreta por los más pobres su participación del único cuerpo que es la Iglesia. La atención a los demás en la reciprocidad es también reconocer el bien que el Señor realiza en ellos y agradecer con ellos los prodigios de gracia que el Dios bueno y todopoderoso sigue realizando en sus hijos. Cuando un cristiano se percata de la acción del Espíritu Santo en el otro, no puede por menos que alegrarse y glorificar al Padre que está en los cielos (cf. Mt 5,16).</p>
<p style="text-align: justify">3. "Para estímulo de la caridad y las buenas obras": caminar juntos en la santidad.</p>
<p style="text-align: justify">Esta expresión de la Carta a los Hebreos (10, 24) nos lleva a considerar la llamada universal a la santidad, el camino constante en la vida espiritual, a aspirar a los carismas superiores y a una caridad cada vez más alta y fecunda (cf. 1 Co 12,31-13,13). La atención recíproca tiene como finalidad animarse mutuamente a un amor efectivo cada vez mayor, «como la luz del alba, que va en aumento hasta llegar a pleno día» (Pr 4,18), en espera de vivir el día sin ocaso en Dios. El tiempo que se nos ha dado en nuestra vida es precioso para descubrir y realizar buenas obras en el amor de Dios. Así la Iglesia misma crece y se desarrolla para llegar a la madurez de la plenitud de Cristo (cf. Ef 4,13). En esta perspectiva dinámica de crecimiento se sitúa nuestra exhortación a animarnos recíprocamente para alcanzar la plenitud del amor y de las buenas obras.</p>
<p style="text-align: justify">Lamentablemente, siempre está presente la tentación de la tibieza, de sofocar el Espíritu, de negarse a «comerciar con los talentos» que se nos ha dado para nuestro bien y el de los demás (cf. Mt 25,25ss). Todos hemos recibido riquezas espirituales o materiales útiles para el cumplimiento del plan divino, para el bien de la Iglesia y la salvación personal (cf. Lc 12,21b; 1 Tm 6,18). Los maestros de espiritualidad recuerdan que, en la vida de fe, quien no avanza, retrocede.</p>
<p style="text-align: justify">Queridos hermanos y hermanas, aceptemos la invitación, siempre actual, de aspirar a un «alto grado de la vida cristiana» (Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte [6 de enero de 2001], n. 31). Al reconocer y proclamar beatos y santos a algunos cristianos ejemplares, la sabiduría de la Iglesia tiene también por objeto suscitar el deseo de imitar sus virtudes. San Pablo exhorta: «Que cada cual estime a los otros más que a sí mismo» (Rm 12,10).</p>
<p style="text-align: justify">Ante un mundo que exige de los cristianos un testimonio renovado de amor y fidelidad al Señor, todos han de sentir la urgencia de ponerse a competir en la caridad, en el servicio y en las buenas obras (cf. Hb 6,10). Esta llamada es especialmente intensa en el tiempo santo de preparación a la Pascua. Con mis mejores deseos de una santa y fecunda Cuaresma, os encomiendo a la intercesión de la Santísima Virgen María y de corazón imparto a todos la Bendición Apostólica.</p>
<p style="text-align: justify">Vaticano, 3 de noviembre de 2011<br />
BENEDICTUS PP XVI</p>
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		<title>Mensaje del Papa Benedicto XVI para la Cuaresma 2012 (1ª parte)</title>
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		<pubDate>Thu, 23 Feb 2012 06:07:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Maruk7</dc:creator>
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		<description><![CDATA[«Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (Hb 10, 24) Queridos hermanos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://virgendelpozo.org/files/2012/02/papa_slide.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-6425" src="http://virgendelpozo.org/files/2012/02/papa_slide.jpg" alt="" width="600" height="220" /></a>«Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (Hb 10, 24)</p>
<p style="text-align: justify;">Queridos hermanos y hermanas:</p>
<p style="text-align: justify;">La Cuaresma nos ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. En efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual.</p>
<p style="text-align: justify;">Este año deseo proponer algunas reflexiones a la luz de un breve texto bíblico tomado de la Carta a los Hebreos: «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (10,24). Esta frase forma parte de una perícopa en la que el escritor sagrado exhorta a confiar en Jesucristo como sumo sacerdote, que nos obtuvo el perdón y el acceso a Dios. El fruto de acoger a Cristo es una vida que se despliega según las tres virtudes teologales: se trata de acercarse al Señor «con corazón sincero y llenos de fe» (v. 22), de mantenernos firmes «en la esperanza que profesamos» (v. 23), con una atención constante para realizar junto con los hermanos «la caridad y las buenas obras» (v. 24).</p>
<p style="text-align: justify;">Asimismo, se afirma que para sostener esta conducta evangélica es importante participar en los encuentros litúrgicos y de oración de la comunidad, mirando a la meta escatológica: la comunión plena en Dios (v. 25). Me detengo en el versículo 24, que, en pocas palabras, ofrece una enseñanza preciosa y siempre actual sobre tres aspectos de la vida cristiana: la atención al otro, la reciprocidad y la santidad personal.</p>
<p style="text-align: justify;">1. "Fijémonos": la responsabilidad para con el hermano.<br />
El primer elemento es la invitación a «fijarse»: el verbo griego usado es katanoein, que significa observar bien, estar atentos, mirar conscientemente, darse cuenta de una realidad. Lo encontramos en el Evangelio, cuando Jesús invita a los discípulos a «fijarse» en los pájaros del cielo, que no se afanan y son objeto de la solícita y atenta providencia divina (cf. Lc 12,24), y a «reparar» en la viga que hay en nuestro propio ojo antes de mirar la brizna en el ojo del hermano (cf. Lc 6,41). Lo encontramos también en otro pasaje de la misma Carta a los Hebreos, como invitación a «fijarse en Jesús» (cf. 3,1), el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe. Por tanto, el verbo que abre nuestra exhortación invita a fijar la mirada en el otro, ante todo en Jesús, y a estar atentos los unos a los otros, a no mostrarse extraños, indiferentes a la suerte de los hermanos. Sin embargo, con frecuencia prevalece la actitud contraria: la indiferencia o el desinterés, que nacen del egoísmo, encubierto bajo la apariencia del respeto por la «esfera privada».</p>
<p style="text-align: justify;">También hoy resuena con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos «guardianes» de nuestros hermanos (cf. Gn 4,9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado reciproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien. El gran mandamiento del amor al prójimo exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad respecto a quien, como yo, es criatura e hijo de Dios: el hecho de ser hermanos en humanidad y, en muchos casos, también en la fe, debe llevarnos a ver en el otro a un verdadero alter ego, a quien el Señor ama infinitamente.</p>
<p style="text-align: justify;">Si cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón. El Siervo de Dios Pablo VI afirmaba que el mundo actual sufre especialmente de una falta de fraternidad: «El mundo está enfermo. Su mal está menos en la dilapidación de los recursos y en el acaparamiento por parte de algunos que en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos» (Carta. enc. Populorum progressio [26 de marzo de 1967], n. 66).</p>
<p style="text-align: justify;">La atención al otro conlleva desear el bien para él o para ella en todos los aspectos: físico, moral y espiritual. La cultura contemporánea parece haber perdido el sentido del bien y del mal, por lo que es necesario reafirmar con fuerza que el bien existe y vence, porque Dios es «bueno y hace el bien» (Sal 119,68). El bien es lo que suscita, protege y promueve la vida, la fraternidad y la comunión. La responsabilidad para con el prójimo significa, por tanto, querer y hacer el bien del otro, deseando que también él se abra a la lógica del bien; interesarse por el hermano significa abrir los ojos a sus necesidades.</p>
<p style="text-align: justify;">La Sagrada Escritura nos pone en guardia ante el peligro de tener el corazón endurecido por una especie de «anestesia espiritual» que nos deja ciegos ante los sufrimientos de los demás. El evangelista Lucas refiere dos parábolas de Jesús, en las cuales se indican dos ejemplos de esta situación que puede crearse en el corazón del hombre. En la parábola del buen Samaritano, el sacerdote y el levita «dieron un rodeo», con indiferencia, delante del hombre al cual los salteadores habían despojado y dado una paliza (cf. Lc 10,30-32), y en la del rico epulón, ese hombre saturado de bienes no se percata de la condición del pobre Lázaro, que muere de hambre delante de su puerta (cf. Lc 16,19).</p>
<p style="text-align: justify;">En ambos casos se trata de lo contrario de «fijarse», de mirar con amor y compasión. ¿Qué es lo que impide esta mirada humana y amorosa hacia el hermano? Con frecuencia son la riqueza material y la saciedad, pero también el anteponer los propios intereses y las propias preocupaciones a todo lo demás. Nunca debemos ser incapaces de «tener misericordia» para con quien sufre; nuestras cosas y nuestros problemas nunca deben absorber nuestro corazón hasta el punto de hacernos sordos al grito del pobre.</p>
<p style="text-align: justify;">En cambio, precisamente la humildad de corazón y la experiencia personal del sufrimiento pueden ser la fuente de un despertar interior a la compasión y a la empatía: «El justo reconoce los derechos del pobre, el malvado es incapaz de conocerlos» (Pr 29,7). Se comprende así la bienaventuranza de «los que lloran» (Mt 5,4), es decir, de quienes son capaces de salir de sí mismos para conmoverse por el dolor de los demás. El encuentro con el otro y el hecho de abrir el corazón a su necesidad son ocasión de salvación y de bienaventuranza.</p>
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		<title>El Ayuno y sus Beneficios</title>
		<link>http://virgendelpozo.org/2012/02/22/el-ayuno-y-sus-beneficios-2/</link>
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		<pubDate>Wed, 22 Feb 2012 07:15:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Maruk7</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuaresma]]></category>
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		<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[El ayuno es una manera de mortificación por precepto eclesiástico o por devoción, que consiste en sustancialmente no hacer más [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.virgendelpozo.org/wp-content/blogs.dir/1/files/2010/02/JESS_O11.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-3476" style="margin: 5px;" src="http://www.virgendelpozo.org/wp-content/blogs.dir/1/files/2010/02/JESS_O11-300x214.jpg" alt="" width="300" height="214" /></a>El ayuno es una manera de mortificación por precepto eclesiástico o por devoción, que consiste en sustancialmente no hacer más que una comida al día, abstenerse de ciertos alimentos o de no ingerir alimento alguno.</p>
<p style="text-align: justify;">El ayuno puede tener distintos significados para el hombre, para algunos puede ser una manera de protestar ante una situación política o social y se le conoce como huelga de hambre o puede ser practicada con fines religioso-espirituales que busquen sanar tanto el cuerpo como el alma, en este sentido el ayuno es una práctica muy antigua en la historia del hombre, tanto en oriente como occidente.</p>
<p style="text-align: justify;">Siendo el ayuno una forma de mortificación es también una forma de purificación del cuerpo y del alma. Está comprobado científicamente que el ayunar frecuentemente es saludable para nuestro organismo por los efectos curativos que se suscitan de manera autónoma en el interior de nuestro cuerpo, se desechan toxinas y se puede alcanzar cierta armonía entre el cuerpo y la mente y propiciar un estado de equilibrio en los distintos sistemas internos. Se suscitan procesos curativos al grado de inclusive eliminar quistes o tumores benignos, aumenta la capacidad del sistema inmunitario y la mente puede llegar a un punto donde el pensar o contemplar con determinación una situación se facilita; proporciona estabilidad emocional dado que desacelera el ritmo del cuerpo, lo templa y lo mantienen alerta, por eso se puede decir que los sentidos se agudizan.</p>
<p style="text-align: justify;">En el plano sobrenatural existen efectos que también resultan provechosos para nuestra salud espiritual. En un primer momento permite dejar abierta la posibilidad de un contacto sobrenatural siempre y cuando permanezcamos en estado de gracia, es decir en amistad con Dios, de manera que la asistencia y participación de los sacramentos es sumamente indispensable pues son el medio por el cual Cristo se comunica de manera efectiva.</p>
<p style="text-align: justify;">En el proceso sobrenatural se pueden suscitar fenómenos místicos como la inedia, es decir, pasar periodos largos sin ingerir alimentos solamente sostenidos por la gracia de Dios, por lo que es considerada un don de origen divino. En la historia de la Iglesia numerosos santos dan testimonio de esta gracia y han podido permanecer con vida y energías durante años haciendo ayuno y sólo alimentándose de la sagrada Eucaristía. Esto es el rasgo que confirma, la relación entre un ser humano y Dios, relación que nos permite avanzar en el conocimiento de Dios y de sus misterios, a la vez que nos proporciona paulatinamente un crecimiento notable en el plano meramente natural.</p>
<p style="text-align: justify;">El ayuno debe hacerse siempre con orden y supervisión ya que toda persona que pretende crecer espiritualmente debe tener un guía espiritual a quien confía su caminar, es una dinámica de ayuda mutua necesaria por la naturaleza de los distintos procesos que se llegan a experimentar en el ayuno.</p>
<p style="text-align: justify;">El mensaje de restitución que la Santísima Virgen nos dejara en el Pozo de Sabana Grande en Puerto Rico, nos invita a sumergirnos en el misterio del sacrificio, es una exhortación a experimentar la presencia de Dios entre nosotros, en estos momentos de crisis y confusión.</p>
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		<title>Miércoles de Ceniza su Importancia y Significado</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Feb 2012 06:32:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Maruk7</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Con la imposición de la ceniza da comienzo el tiempo litúrgico de Cuaresma; período de 40 días que inicia en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.virgendelpozo.org/wp-content/blogs.dir/1/files/2010/02/miercoles_final.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-3415" style="margin: 5px;" src="http://www.virgendelpozo.org/wp-content/blogs.dir/1/files/2010/02/miercoles_final.jpg" alt="" width="300" height="160" /></a>Con la imposición de la ceniza da comienzo el tiempo litúrgico de Cuaresma; período de 40 días que inicia en esta fecha y termina el Domingo de Ramos. La imposición de la ceniza es un sacramental, este es un término que el Catecismo de la Iglesia Católica, en el número 1677, define así: <em>“Se llaman sacramentales los signos sagrados instituidos por la iglesia cuyo fin es preparar a los hombres para recibir los sacramentos y santificar las diversas circunstancias de la vida”</em>; que a la vez nos prepara y conduce a la práctica del sacramento de la penitencia, reconciliación o confesión, con el propósito de que a los fieles convertidos nos sea posible participar en la celebración del misterio pascual con espíritu de arrepentimiento.</p>
<p style="text-align: justify;">En la Sagrada Escritura la ceniza es símbolo de lo perecedero, por lo que se convirtió en signo de la caducidad del ser humano cuando él mismo se la aplica en la cabeza o suele revolcarse en ella, como testimonio de dolor, penitencia y humillación (Is 61,3). A través del tiempo, la ceniza pasa a integrarse en el culto cristiano. Hacia los siglos IV –V, los pecadores arrepentidos se les llama penitentes, quienes se aplican ceniza sobre su cabeza en señal de conversión y abandono en la misericordia de Dios. En la época actual este miércoles se traza una cruz de ceniza, ya bendecida, en la cabeza o en la frente de los fieles, lo cual les recuerda su origen, a la vez que el sacerdote o un laico autorizado recita las palabras:<br />
“Eres polvo y al polvo volverás” (Gn 3, 19) o bien: “Arrepiéntete y cree en el Evangelio” (Mc 1, 15).</p>
<p style="text-align: justify;">La imposición de la ceniza es prescrita por el pontífice Urbano II (1088 -1099) en el Concilio de Benevento en 1091. El valor de este sacramental no consiste en sólo asistir a la recepción de la misma –como algunos católicos creen-, <strong>su importancia radica en la contrición, es decir, en el arrepentimiento sincero y en la conversión de cada persona al haber transgredido  la Voluntad Divina, así como que tal arrepentimiento nos conduzca a los sacramentos de la reconciliación y la Eucaristía para ser renovados por la acción del Espíritu Santo y ser dignos de la misericordia divina.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Nuestra Purísima del Pozo, en sus mensajes, nos invita a participar frecuentemente de los sacramentos, particularmente se refiere a la Penitencia y la Eucaristía. Hagamos un buen examen de conciencia llenos de dolor por nuestros pecados y reconozcamos las veces que hemos ofendido a Nuestro Padre Celestial, arrepintámonos y dejémonos guiar de la mano de María Santísima emprendiendo el camino de la Restitución, es decir volver a ser como Dios quiso que fuéramos desde el principio.</p>
<p style="text-align: justify;">Al comenzar la Cuaresma, con el Miércoles de Ceniza, tenemos una buena oportunidad para comenzar a prepararnos y con un verdadero espíritu de contrición enmendar nuestras vidas para poner  a Dios como centro y prioridad en nuestra vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Tomado de “Asamblea Eucarística” Feb. 2010</p>
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		<title>Video de La Cuaresma</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Feb 2012 06:00:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Maruk7</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Videos]]></category>

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		<description><![CDATA[La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión, que marca la Iglesia para prepararnos a la gran fiesta de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión, que marca la Iglesia para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua. Es tiempo para arrepentirnos de nuestros pecados y de cambiar algo de nosotros para ser mejores y poder vivir más cerca de Cristo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left"><p><a href="http://virgendelpozo.org/2012/02/22/video-de-la-cuaresma-2/"><em>Pinche aquí para ver el vídeo</em></a></p></p>
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		<title>Tercera Prenda de la Pasión: La Corona de Espinas</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Mar 2011 00:29:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Maruk7</dc:creator>
				<category><![CDATA[Creemos]]></category>
		<category><![CDATA[Cuaresma]]></category>
		<category><![CDATA[Tiempos Litúrgicos]]></category>

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		<description><![CDATA[La corona de Nuestro Señor Jesucristo Con la corona de espinas de Nuestro Señor Jesucristo nos encontramos ante una profunda [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><strong><a href="http://virgendelpozo.org/files/2010/03/corona_carrousel.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-3597" style="margin: 5px" src="http://virgendelpozo.org/files/2010/03/corona_carrousel.jpg" alt="" width="300" height="160" /></a>La corona de Nuestro Señor Jesucristo</strong></p>
<p style="text-align: justify">Con la corona de espinas de Nuestro Señor Jesucristo nos encontramos ante una profunda realidad. Cristo en el Huerto de los Olivos le entregó a su Padre toda su voluntad, su libertad.  Se olvidó de sí mismo y aceptó someterse a los más crueles tormentos para lavar con su sangre la culpa de nuestro pecado y alcanzarnos así la salvación.</p>
<p style="text-align: justify">Cristo quiso restituir al hombre en todo.  El pecado le ha quitado al hombre su grandeza, su corona y lo ha coronado de vergüenza y de confusión.  El pecado lo ha deshonrado, haciéndole perder todos los derechos a los honores y a la gloria del paraíso. Nuestro Señor, al ser coronado de espinas, devolvió al hombre el derecho a volver a participar del honor y gloria del paraíso perdidos por el pecado.</p>
<p style="text-align: justify"><strong><em>"Y trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza”</em></strong> (Mt 27,29).</p>
<p style="text-align: justify">Cristo se dejó coronar con espinas por amor a todos los hombres. Por las espinas, reparó los pecados de pensamiento, especialmente el pecado de la soberbia. Reparó los pecados cometidos contra la fe.</p>
<p style="text-align: justify">Con las heridas de su cabeza quiso abrirse camino en las mentes de los hombres para restituir todas las cosas según la luz de la verdad.</p>
<p style="text-align: justify">Al estar allí humillado ante un injusto juez, quiso hacernos comprender que solamente la virtud es la que constituye al hombre como rey. A través de este sacrificio nos enseñó que la virtud es la única que es digna y capaz de gobernar y regir a los demás.</p>
<p style="text-align: justify">María Santísima, al ver a su Hijo con su cabeza traspasada por espinas, padeció en su alma lo que Cristo padeció en su carne. Por esto decimos que Ella es Corredentora porque por sus muchos sufrimientos asistió en  nuestra redención. Desde hace algunos años, en nuestra Iglesia se estudia la forma de  proclamar  un nuevo dogma, María Corredentora. La Virgen María, al pie de la cruz, por sus muchos sufrimientos podemos decir que nos dio a luz y nos recibió como Madre.</p>
<p style="text-align: justify">La Virgen del Rosario, la Purísima del Pozo, en su visita en 1953 a Sabana Grande, Puerto Rico, vino coronada con una corona de 7 estrellas que simbolizan, además de los siete sacramentos, las siete virtudes. Ella ha sido enviada por su Hijo Jesús, Rey de Reyes, para enseñarnos como restituir el orden establecido por el Padre en un mundo donde impera la violencia, el desorden, el egoísmo, la impureza, el odio y la maldad. Este orden fue perdido en el paraíso y fue restituido por el mismo Cristo con su Pasión y Muerte. Ahora queda poner todo de nuestra parte y buscar restituirnos, buscando vivir cada día las 7 virtudes que se oponen a los siete pecados capitales y así quitar la corona de espinas que nuestro Señor lleva sobre su cabeza para redimir nuestros muchos pecados. Aliviemos el dolor de nuestro Dios que se dejó coronar con espinas por nosotros. Eso pide la Virgen del Rosario del Pozo y es lo que nos ha venido a recordar.</p>
<p style="text-align: justify"><em><strong>Oración</strong></em></p>
<p style="text-align: justify"><em>Purísima del Pozo, Nuestra Señora del Rosario del Pozo, contemplando la corona de espinas que lleva tu Amadísimo Hijo Jesús sobre su cabeza, pienso en como mis pecados, mi soberbia, falta de fe y búsqueda de honores entierran cada vez más esas espinas dolorosas. Por eso, te pido que me concedas un espíritu de humildad para soportar todas las pruebas y sufrimientos que se me presentan en mí caminar. Alcánzame de Dios la gracia de perdonar a todos aquellos que me injurian.  Hazme manso y humilde de corazón, como el corazón de tu Hijo, hazme también capaz de mantener la pureza en mis pensamientos, palabras y obras, viviendo día a día en tus virtudes. Amén</em></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Segunda prenda de la Pasión de Cristo: El Látigo</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Mar 2011 23:41:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Maruk7</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuaresma]]></category>
		<category><![CDATA[Tiempos Litúrgicos]]></category>

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		<description><![CDATA[Segunda prenda de la Pasión de Cristo: El Látigo de la flagelación Esta reflexión está basada en la flagelación que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><strong>Segunda prenda de la Pasión de Cristo:<br />
El Látigo de la flagelación<br />
</strong><br />
<a href="http://www.virgendelpozo.org/wp-content/blogs.dir/1/files/2010/03/latigo.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-3532" style="margin: 5px" src="http://www.virgendelpozo.org/wp-content/blogs.dir/1/files/2010/03/latigo-300x227.jpg" alt="" width="300" height="227" /></a>Esta reflexión está basada en la flagelación que Nuestro Señor recibió. Encontramos en la Biblia que Pilatos pronunció estas palabras:<em> </em><em><strong>“No hallo crimen en Él; por eso voy a mandar a azotarlo y darle la libertad”</strong>. </em>Sin embargo, los judíos pedían su crucifixión. Pilatos, entonces lo mando a azotar y luego se lo entregó al pueblo para que fuera crucificado.</p>
<p>Es muy probable que en la flagelación de Cristo se utilizara el látigo romano o flagelo de tres colas, con trozos de plomo o hueso en las puntas.  Los romanos tenían la flagelación más horrible e infame para los judíos pero por ley no podía aplicársele a los ciudadanos romanos. Por eso vemos que San Pablo evitó que lo azotaran alegando ser ciudadano romano. La ley romana no fijaba el número de azotes y a veces el reo moría a consecuencia de ellos.</p>
<p>Cristo fue atado a la columna y flagelado salvajemente, desde la cabeza a los pies.  El cuerpo del Salvador era una llaga sangrante de arriba a abajo. La tradición cristiana ha visto siempre en la flagelación un castigo que Cristo padeció especialmente por nuestros pecados de impureza. Esto fue solo el principio del camino hacia nuestra redención.</p>
<p><em>“</em><em><strong>Pilatos, entonces, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás y entregó a Jesús después de azotarle para que fuera crucificado.”</strong>(Mc 15,15).</em></p>
<p>La flagelación es signo de aceptación. Mucho le costó a Jesús su Pasión; en el huerto,  le pidió al Padre: “Si es posible, aparta de mí esta copa…”. Con la flagelación Cristo se entrega a la voluntad del Padre y nos da un ejemplo muy grande de obediencia; mientras era azotado con el látigo, su alma desangraba pensando en esas pobres almas que le propinaban tal cruel sufrimiento, pero a quienes El ya ha perdonado.</p>
<p>Cada latigazo traspasó el corazón de María Santísima; y hoy aún es grande su dolor. ¡Cuántos latigazos recibe Su Amadísimo Hijo Jesús de nosotros día tras día! ¿Cuándo dejaremos de azotarle con nuestra indiferencia y adormecimiento, con nuestro egoísmo, falta de compromiso, con ese pecado en el que solemos caer y que Dios ve? Cada gota de sangre, cada gesto de dolor hizo posible nuestra redención.</p>
<p>En este tiempo de Cuaresma pidámosle a la Virgen del Rosario, Purísima del Pozo, que nos de la fortaleza para aceptar y hacer siempre la voluntad de Dios. Esto es bien posible, los santos nos lo demuestran con su ejemplo de docilidad y obediencia a la voluntad de Dios, aun cuando esto les costara grandes sacrificios. Pidamos, también, perdón al Señor por tantas infidelidades que hemos cometido, El nos perdonará, como perdonó a aquellos que lo azotaron; y luchemos por alcanzar, así, una conversión inmediata y sincera.</p>
<p><em></em><strong>ORACION</strong><em></em></p>
<p><em>Madre Amadísima, Nuestra Señora del Rosario del Pozo, con profunda fe y devoción acudo a ti al contemplar los azotes que Nuestro Señor recibió con los látigos en manos de verdugos. Ayúdame a despojarme de la sensualidad que me aparta de Él; que pueda morir a mis egoísmos, a los placeres desordenados y a toda impureza. Revísteme con tu pureza y haz que sea digno hijo de la nueva estirpe, cristalino y lleno de luz, tal como fui creado a imagen de Dios para que algún día pueda retornar y compartir con Tu Amadísimo Hijo en la Morada de Padre para siempre. Amén.<br />
</em></p>
]]></content:encoded>
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		<title>El Pergamino con la Oración de Jesús en el Huerto</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Mar 2011 00:02:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Maruk7</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuaresma]]></category>
		<category><![CDATA[Tiempos Litúrgicos]]></category>

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		<description><![CDATA[Primera prenda de la Pasión de Cristo: El Pergamino con la Oración de Jesús en el Huerto La primera Prenda [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><strong>Primera prenda de la Pasión de Cristo:<em><br />
El Pergamino con la Oración de Jesús en el Huerto</em></strong></p>
<p style="text-align: justify"><a href="http://virgendelpozo.org/files/2010/02/papiro_jesus1.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-5018" style="margin: 7px" src="http://virgendelpozo.org/files/2010/02/papiro_jesus1.jpg" alt="" width="424" height="288" /></a>La primera Prenda de la Pasión de Cristo que vamos  a reflexionar es el Pergamino que representa aquel primer momento de sufrimiento profundo de Jesús en el huerto de Getsemaní. Nos dicen las Escrituras que El había ido allí con tres de sus discípulos: Pedro, Juan y Santiago, pero que llegado un momento, “se apartó de ellos como un tiro de piedra, y puesto de rodillas oraba diciendo: Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc 22,41-42).</p>
<p style="text-align: justify">Nuestro Señor Jesús, con su propia vida nos enseñó cómo debemos seguir el camino hacia la Patria celestial. El, siempre obediente a la Voluntad del Padre, estuvo  dispuesto a cumplir su misión por sobre todas las cosas, por eso decía constantemente que  había venido para cumplir la Voluntad de su Padre. En Getsemaní, un momento tan crucial de su vida, donde El siente la resistencia de su naturaleza humana, logra vencerla y se entrega: “no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Pero ya lo había dicho antes: “Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre” (Jn 12,27).</p>
<p style="text-align: justify">Para quienes escojan seguir sus huellas, Jesucristo, con su acción demuestra que el sufrimiento será necesario, que la oración y el sacrificio son mandatorios, como nos dice la Purísima del Pozo en su segundo mensaje.</p>
<p style="text-align: justify">“Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna” (Ef 5, 9).</p>
<p style="text-align: justify">La obediencia a la Voluntad de Dios resulta muy difícil en estos tiempos, sin embargo es tan importante si queremos ser felices eternamente; sabemos que cuesta grandes sacrificios, renuncias y sufrimientos. Por eso, contamos con dos grandes ejemplos de obediencia perfecta: Jesús y María Santísima. En este orden de ideas San Pablo nos dice que: “Cristo, a pesar de ser Hijo, aprendió sufriendo a obedecer” (Hb 5,8); recordemos la respuesta pronta de la Virgen María ante el anuncio del Arcángel Gabriel: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra” (Lc 1,38).</p>
<p style="text-align: justify">La Cuaresma es un tiempo de conversión precioso y definitivo. Hagamos un esfuerzo para vivirla a plenitud, para reconocer la Voluntad de Dios en nuestras vidas. Y que por  las palabras que contiene este “Pergamino”, que son las santas palabras de nuestro Amando Redentor, podamos aceptar esa Voluntad Santa, aún en los momentos más difíciles, en los de lucha y de prueba. Vivamos en la gracia de Dios, convirtámonos y creamos en el Evangelio para que al final podamos resucitar con El y ser dignos de habitar en la Morada Eterna del Padre.</p>
<p style="text-align: justify"><strong>ORACIÓN</strong></p>
<p style="text-align: justify"><em>Nuestra Señora del Rosario, Purísima del Pozo, humildemente me presento ante ti en medio de mis luchas y de mis pruebas. Permite que siempre recuerde estas palabras transcendentales que están escritas en este pergamino, primera Prenda de la Pasión de Cristo y que me recuerdan las palabras que Jesús pronunció al iniciar Su Pasión: “Padre, no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Y así confiado en Su infinita misericordia y amor, haga Su voluntad y viva teniéndolo como prioridad en mi vida, no filosófica ni superficialmente, sino de corazón y práctica diaria.</em></p>
<p style="text-align: justify"><em>Permite que donde quiera que vaya sea ejemplo de obediencia a Dios y sea dócil a la acción del Espíritu Santo para lograr alcanzar una conversión inmediata y sincera. Amén</em></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Mensaje del Papa Benedicto XVI &#8211; Cuaresma 2011</title>
		<link>http://virgendelpozo.org/2011/03/09/mensaje-del-papa-benedicto-xvi-_-cuaresma-2011/</link>
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		<pubDate>Wed, 09 Mar 2011 02:34:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Galván</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuaresma]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Tiempos Litúrgicos]]></category>

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		<description><![CDATA[MENSAJE DEL PAPA BENEDICTO XVI PARA LA CUARESMA 2011. “Con Cristo sois sepultados en el Bautismo, con él también habéis [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><strong>MENSAJE DEL PAPA BENEDICTO XVI PARA LA CUARESMA 2011.</strong></p>
<p style="text-align: justify"><a href="http://virgendelpozo.org/files/2011/03/bautismo2.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-4996" style="margin: 7px" src="http://virgendelpozo.org/files/2011/03/bautismo2-300x215.jpg" alt="" width="300" height="215" /></a>“Con Cristo sois sepultados en el Bautismo, con él también habéis resucitado”(cf. Col 2, 12) Queridos hermanos y hermanas: La cuaresma, que nos lleva a la celebración de la Santa Pascua, es para la Iglesia un tiempo litúrgico muy valioso e importante, con vistas al cual me alegra dirigiros unas palabras especificas para que lo vivamos con el debido compromiso. La Comunidad eclesial, asidua en la oración y en la caridad operosa, mientras mira hacia el encuentro definitivo con su Esposo en la Pascua eterna, intensifica su camino de purificación en el espíritu, para obtener con mas abundancia del Misterio de la redención de la vida nueva en Cristo Señor(cf. Prefacio I de Cuaresma).</p>
<p style="text-align: justify">1.Esta misma vida ya se nos transmitió el día del Bautismo, cuando “al participar de la muerte y resurrección de Cristo” comenzó para nosotros “ la aventura gozosa y entusiasmante del discípulo” (Homilía en la fiesta del Bautismo del Señor, 10 de enero de 2010). San Pablo, en sus Cartas, insiste repetidamente en la comunión singular con el Hijo de Dios que se realiza en este lavacro. El hecho de que en la mayoría de los casos el Bautismo se reciba en la infancia pone de relieve que se trata de un don de Dios: nadie merece la vida eterna con sus fuerzas. La misericordia de Dios, que borra el pecado y permite vivir en la propia existencia «los mismos sentimientos que Cristo Jesús» (Flp 2, 5) se comunica al hombre gratuitamente.</p>
<p style="text-align: justify">El Apóstol de los gentiles, en la Carta a los Filipenses, expresa el sentido de la transformación que tiene lugar al participar en la muerte y resurrección de Cristo, indicando su meta: que yo pueda «conocerle a él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a él en su muerte, tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos» (Flp 3, 10-11). El Bautismo, por tanto, no es un rito del pasado sino el encuentro con Cristo que conforma toda la existencia del bautizado, le da la vida divina y lo llama a una conversión sincera, iniciada y sostenida por la Gracia, que lo lleve a alcanzar la talla adulta de Cristo.</p>
<p style="text-align: justify">Un nexo particular vincula al Bautismo con la Cuaresma como momento favorable para experimentar la Gracia que salva. Los Padres del Concilio Vaticano II exhortaron a todos los Pastores de la Iglesia a utilizar «con mayor abundancia los elementos bautismales propios de la liturgia cuaresmal» (Sacrosanctum Concilium, 109). En efecto, desde siempre, la Iglesia asocia la Vigilia Pascual a la celebración del Bautismo: en este Sacramento se realiza el gran misterio por el cual el hombre muere al pecado, participa de la vida nueva en Jesucristo Resucitado y recibe el mismo espíritu de Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos (cf. Rm 8, 11). Este don gratuito debe ser reavivado en cada uno de nosotros y la Cuaresma nos ofrece un recorrido análogo al catecumenado, que para los cristianos de la Iglesia antigua, así como para los catecúmenos de hoy, es una escuela insustituible de fe y de vida cristiana: viven realmente el Bautismo como un acto decisivo para toda su existencia.</p>
<p style="text-align: justify"><a href="http://virgendelpozo.org/files/2011/03/biblia_11.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-5001" style="margin: 7px" src="http://virgendelpozo.org/files/2011/03/biblia_11-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>2. Para emprender seriamente el camino hacia la Pascua y prepararnos a celebrar la Resurrección del Señor —la fiesta más gozosa y solemne de todo el Año litúrgico—, ¿qué puede haber de más adecuado que dejarnos guiar por la Palabra de Dios? Por esto la Iglesia, en los textos evangélicos de los domingos de Cuaresma, nos guía a un encuentro especialmente intenso con el Señor, haciéndonos recorrer las etapas del camino de la iniciación cristiana: para los catecúmenos, en la perspectiva de recibir el Sacramento del renacimiento, y para quien está bautizado, con vistas a nuevos y decisivos pasos en el seguimiento de Cristo y en la entrega más plena a él.</p>
<p style="text-align: justify">El primer domingo del itinerario cuaresmal subraya nuestra condición de hombre en esta tierra. La batalla victoriosa contra las tentaciones, que da inicio a la misión de Jesús, es una invitación a tomar conciencia de la propia fragilidad para acoger la Gracia que libera del pecado e infunde nueva fuerza en Cristo, camino, verdad y vida (cf. Ordo Initiationis Christianae Adultorum, n. 25). Es una llamada decidida a recordar que la fe cristiana implica, siguiendo el ejemplo de Jesús y en unión con él, una lucha «contra los Dominadores de este mundo tenebroso» (Ef 6, 12), en el cual el diablo actúa y no se cansa, tampoco hoy, de tentar al hombre que quiere acercarse al Señor: Cristo sale victorioso, para abrir también nuestro corazón a la esperanza y guiarnos a vencer las seducciones del mal.</p>
<p style="text-align: justify">El Evangelio de la Transfiguración del Señor pone delante de nuestros ojos la gloria de Cristo, que anticipa la resurrección y que anuncia la divinización del hombre. La comunidad cristiana toma conciencia de que es llevada, como los Apóstoles Pedro, Santiago y Juan «aparte, a un monte alto» (Mt 17, 1), para acoger nuevamente en Cristo, como hijos en el Hijo, el don de la gracia de Dios: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle» (v. 5). Es la invitación a alejarse del ruido de la vida diaria para sumergirse en la presencia de Dios: él quiere transmitirnos, cada día, una palabra que penetra en las profundidades de nuestro espíritu, donde discierne el bien y el mal (cf. Hb 4, 12) y fortalece la voluntad de seguir al Señor. La petición de Jesús a la samaritana: «Dame de beber» (Jn 4, 7), que se lee en la liturgia del tercer domingo, expresa la pasión de Dios por todo hombre y quiere suscitar en nuestro corazón el deseo del don del «agua que brota para vida eterna» (v. 14): es el don del Espíritu Santo, que hace de los cristianos «adoradores verdaderos» capaces de orar al Padre «en espíritu y en verdad» (v. 23). ¡Sólo esta agua puede apagar nuestra sed de bien, de verdad y de belleza! Sólo esta agua, que nos da el Hijo, irriga los desiertos del alma inquieta e insatisfecha, «hasta que descanse en Dios», según las célebres palabras de san Agustín.</p>
<p style="text-align: justify">El domingo del ciego de nacimiento presenta a Cristo como luz del mundo. El Evangelio nos interpela a cada uno de nosotros: «¿Tú crees en el Hijo del hombre?». «Creo, Señor» (Jn 9, 35.38), afirma con alegría el ciego de nacimiento, dando voz a todo creyente. El milagro de la curación es el signo de que Cristo, junto con la vista, quiere abrir nuestra mirada interior, para que nuestra fe sea cada vez más profunda y podamos reconocer en él a nuestro único Salvador. Él ilumina todas las oscuridades de la vida y lleva al hombre a vivir como «hijo de la luz».</p>
<p style="text-align: justify">Cuando, en el quinto domingo, se proclama la resurrección de Lázaro, nos encontramos frente al misterio último de nuestra existencia: «Yo soy la resurrección y la vida... ¿Crees esto?» (Jn 11, 25-26). Para la comunidad cristiana es el momento de volver a poner con sinceridad, junto con Marta, toda la esperanza en Jesús de Nazaret: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo» (v. 27). La comunión con Cristo en esta vida nos prepara a cruzar la frontera de la muerte, para vivir sin fin en él. La fe en la resurrección de los muertos y la esperanza en la vida eterna abren nuestra mirada al sentido último de nuestra existencia: Dios ha creado al hombre para la resurrección y para la vida, y esta verdad da la dimensión auténtica y definitiva a la historia de los hombres, a su existencia personal y a su vida social, a la cultura, a la política, a la economía. Privado de la luz de la fe todo el universo acaba encerrado dentro de un sepulcro sin futuro, sin esperanza.</p>
<p style="text-align: justify">El recorrido cuaresmal encuentra su cumplimiento en el Triduo Pascual, en particular en la Gran Vigilia de la Noche Santa: al renovar las promesas bautismales, reafirmamos que Cristo es el Señor de nuestra vida, la vida que Dios nos comunicó cuando renacimos «del agua y del Espíritu Santo», y confirmamos de nuevo nuestro firme compromiso de corresponder a la acción de la Gracia para ser sus discípulos.</p>
<p style="text-align: justify"><a href="http://virgendelpozo.org/files/2011/03/crucificado.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-4999" style="margin: 7px" src="http://virgendelpozo.org/files/2011/03/crucificado-300x224.jpg" alt="" width="300" height="224" /></a>3. Nuestro sumergirnos en la muerte y resurrección de Cristo mediante el sacramento del Bautismo, nos impulsa cada día a liberar nuestro corazón del peso de las cosas materiales, de un vínculo egoísta con la «tierra», que nos empobrece y nos impide estar disponibles y abiertos a Dios y al prójimo. En Cristo, Dios se ha revelado como Amor (cf. 1 Jn 4, 7-10). La Cruz de Cristo, la «palabra de la Cruz» manifiesta el poder salvífico de Dios (cf. 1 Co 1, 18), que se da para levantar al hombre y traerle la salvación: amor en su forma más radical (cf. Enc. Deus caritas est, 12). Mediante las prácticas tradicionales del ayuno, la limosna y la oración, expresiones del compromiso de conversión, la Cuaresma educa a vivir de modo cada vez más radical el amor de Cristo. El ayuno, que puede tener distintas motivaciones, adquiere para el cristiano un significado profundamente religioso: haciendo más pobre nuestra mesa aprendemos a superar el egoísmo para vivir en la lógica del don y del amor; soportando la privación de alguna cosa —y no sólo de lo superfluo— aprendemos a apartar la mirada de nuestro «yo», para descubrir a Alguien a nuestro lado y reconocer a Dios en los rostros de tantos de nuestros hermanos. Para el cristiano el ayuno no tiene nada de intimista, sino que abre mayormente a Dios y a las necesidades de los hombres, y hace que el amor a Dios sea también amor al prójimo (cf. Mc 12, 31).</p>
<p style="text-align: justify">En nuestro camino también nos encontramos ante la tentación del tener, de la avidez de dinero, que insidia el primado de Dios en nuestra vida. El afán de poseer provoca violencia, prevaricación y muerte; por esto la Iglesia, especialmente en el tiempo cuaresmal, recuerda la práctica de la limosna, es decir, la capacidad de compartir. La idolatría de los bienes, en cambio, no sólo aleja del otro, sino que despoja al hombre, lo hace infeliz, lo engaña, lo defrauda sin realizar lo que promete, porque sitúa las cosas materiales en el lugar de Dios, única fuente de la vida. ¿Cómo comprender la bondad paterna de Dios si el corazón está lleno de uno mismo y de los propios proyectos, con los cuales nos hacemos ilusiones de que podemos asegurar el futuro? La tentación es pensar, como el rico de la parábola: «Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años... Pero Dios le dijo: “¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma”» (Lc 12, 19-20). La práctica de la limosna nos recuerda el primado de Dios y la atención hacia los demás, para redescubrir a nuestro Padre bueno y recibir su misericordia.</p>
<p style="text-align: justify">En todo el período cuaresmal, la Iglesia nos ofrece con particular abundancia la Palabra de Dios. Meditándola e interiorizándola para vivirla diariamente, aprendemos una forma preciosa e insustituible de oración, porque la escucha atenta de Dios, que sigue hablando a nuestro corazón, alimenta el camino de fe que iniciamos en el día del Bautismo. La oración nos permite también adquirir una nueva concepción del tiempo: de hecho, sin la perspectiva de la eternidad y de la trascendencia, simplemente marca nuestros pasos hacia un horizonte que no tiene futuro. En la oración encontramos, en cambio, tiempo para Dios, para conocer que «sus palabras no pasarán» (cf. Mc 13, 31), para entrar en la íntima comunión con él que «nadie podrá quitarnos» (cf. Jn 16, 22) y que nos abre a la esperanza que no falla, a la vida eterna.</p>
<p style="text-align: justify">En síntesis, el itinerario cuaresmal, en el cual se nos invita a contemplar el Misterio de la cruz, es «hacerme semejante a él en su muerte» (Flp 3, 10), para llevar a cabo una conversión profunda de nuestra vida: dejarnos transformar por la acción del Espíritu Santo, como san Pablo en el camino de Damasco; orientar con decisión nuestra existencia según la voluntad de Dios; liberarnos de nuestro egoísmo, superando el instinto de dominio sobre los demás y abriéndonos a la caridad de Cristo. El período cuaresmal es el momento favorable para reconocer nuestra debilidad, acoger, con una sincera revisión de vida, la Gracia renovadora del Sacramento de la Penitencia y caminar con decisión hacia Cristo. Queridos hermanos y hermanas, mediante el encuentro personal con nuestro Redentor y mediante el ayuno, la limosna y la oración, el camino de conversión hacia la Pascua nos lleva a redescubrir nuestro Bautismo. Renovemos en esta Cuaresma la acogida de la Gracia que Dios nos dio en ese momento, para que ilumine y guíe todas nuestras acciones. Lo que el Sacramento significa y realiza estamos llamados a vivirlo cada día siguiendo a Cristo de modo cada vez más generoso y auténtico. Encomendamos nuestro itinerario a la Virgen María, que engendró al Verbo de Dios en la fe y en la carne, para sumergirnos como ella en la muerte y resurrección de su Hijo Jesús y obtener la vida eterna. Benedicto XVI</p>
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		<title>Las Prendas de la Pasión</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Mar 2011 00:16:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Maruk7</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuaresma]]></category>
		<category><![CDATA[Tiempos Litúrgicos]]></category>

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		<description><![CDATA[La Virgen del Rosario del Pozo nos invita en su cuarto mensaje a imitar a su Amadísimo Hijo Jesús; para [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><a href="http://www.virgendelpozo.org/wp-content/blogs.dir/1/files/2010/02/prendas_carrousel.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-3421" style="margin: 5px" src="http://www.virgendelpozo.org/wp-content/blogs.dir/1/files/2010/02/prendas_carrousel.jpg" alt="" width="300" height="160" /></a>La Virgen del Rosario del Pozo nos invita en su cuarto mensaje a imitar a su Amadísimo Hijo Jesús; para esto es necesario conocerlo, pues por ese conocimiento llegará el amor y de ahí la imitación. La Cuaresma es un tiempo litúrgico, que nos propone la Iglesia para llegar a ese conocimiento a través de la contemplación de la Pasión del Señor.</p>
<p style="text-align: justify">Por lo tanto, durante las próximas semanas, junto a la Purísima del Pozo comenzaremos un caminar hacia el Calvario siguiendo las huellas de Cristo, será un “gran Vía-Crucis”. Ella nos irá guiando para que descubramos el gran regalo del amor de Cristo que se entregó a la muerte y muerte de Cruz para redimirnos.</p>
<p style="text-align: justify">Para ayudarnos a transitar este camino el viernes de cada semana meditaremos sobre aquellos instrumentos que sirvieron, de una manera u otra para aumentar el sufrimiento redentor de Nuestro Señor. Les llamaremos “Prendas de la Pasión de Cristo”; con ellas nuestra Madre del Cielo nos irá guiando para descubrir qué debe simbolizar cada una de estas prendas de la Pasión en nuestra vida. Cada semana nos acercaremos a la Cruz de Cristo buscando nuestra conversión.</p>
<p style="text-align: justify">Junto con la Prenda de la Pasión de Cristo les presentaremos una lectura del libro de “La Dolorosa Pasión de Nuestro Señor Jesucristo” de la Beata Ana Catalina Emmerick. Además, compartiremos las escuelitas de la Virgen del Pozo, esos sucesos especiales que ocurrieron durante la aparición y que nos dejaron una enseñanza aplicable para estos tiempos.</p>
<p style="text-align: justify">Les invitamos a que el viernes de cada semana, durante este tiempo de Cuaresma nos encontremos para caminar con la Purísima del Pozo tras las huellas de Cristo y veremos en nuestras vidas el gran milagro de la transformación y del encuentro con el amor de Jesucristo Nuestro Señor.</p>
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