Planos de crecimiento espiritual.
Vía purgativa
Es conocida también como estado de los principiantes donde se hace necesaria una purificación para llegar a una unión íntima con Dios. Los medios para avanzar en esta etapa son la oración, por la que se consigue la gracia y la mortificación, por la que se corresponde a ella. Ahora bien, la mortificación recibe diferentes nombres según se le considere: Llámese penitencia, cuando con ella se satisfacen las culpas pasadas; mortificación propiamente dicha, cuando versa sobre el amor a los placeres, para reducir el número de nuestros pecados veniales en el tiempo presente y venidero; lucha contra los pecados capitales, cuando combate las hondas inclinaciones que arrastran al pecado; lucha contra las tentaciones, cuando se hace frente a los ataques de los enemigos espirituales .
Esta vía correspondería a los planos 1 y 2 donde la principal lucha está en desarraigar el egoísmo o “yo” de la vida, que se manifiesta en el amor a los placeres, en los pecados capitales y en las tentaciones que el demonio va poniendo.
Vía iluminativa
Esta vía consiste en la imitación de nuestro Señor y para entrar en ella es necesario haber ya adquirido cierta pureza (plano 3) para poder aspirar a la unión habitual con nuestro Señor. En esta vía también se trabaja por adornar el alma con las virtudes de nuestro Señor. Ahora bien, esto no quiere decir que al apartarse del pecado y de sus causas no se hayan practicado las virtudes en su primer grado, sino que ahora las virtudes se practican para ir logrando una pureza tal en el alma, que le permita unirse y parecerse más y más a nuestro Señor. Esto no quiere decir que aquí el alma deje de mortificarse y hacer penitencia, pero esta va encauzada a ir purificándose cada día más para ser imagen de nuestro Señor Jesucristo.
Esta vía correspondería a los planos 4 y 5 en los cuales se purifica todo egoísmo personal, los pecados mortales cometidos y aún el pecado venial deliberado, el cual se suele cometer con mayor frecuencia y al que se siente más fuertemente inclinados. Esto hace que Cristo sea el centro del pensamiento y de los afectos.
Vía unitiva
La finalidad de esta vía es la unión íntima y habitual con Dios por Jesucristo, es hacer vida las palabras de San Pablo: “Vivo, jam non ego; vivit vero in me Christus” . Se caracteriza porque el alma vive casi de continuo en la presencia de Dios y gusta de contemplarle viviendo en su corazón. Dentro de éstas, pueden distinguirse dos fases que son la vía unitiva simple o activa que se caracteriza por el aprovechamiento de los dones del Espíritu Santo, especialmente de los activos, y por la simplificación de la oración, que se convierte en una especie de contemplación activa impropiamente dicha y la vía unitiva mística que se caracteriza por la contemplación infusa. También a la contemplación suelen acompañar fenómenos extraordinarios . Todo esto lleva a la unión transformante que es el consumar la vida en la unidad del amor .
Toda esta etapa de la vida espiritual se vive en los planos 6 y 7 donde el amor lleva a la plena unidad con Dios.



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