Explicación cuarto mensaje
“Entonces, permanezcan más firmes en la Iglesia de mi Hijo, ámenla con más intensidad, amen a los pastores y sacerdotes, esfuércense por vivir una vida de armonía y común unión con los pastores. Esto será la señal de que ustedes están conmigo, están en mí y son de mi Hijo Jesús, el Cristo”. ¡Que hermosas! Me están tan lindas esas palabras de María Santísima. Eso es como para enamorar a cualquiera. Ella manifestada en el amor verdadero de Cristo.
“Les doy una señal: Allí donde yo esté pediré oración, pediré penitencia con especial atención al ayuno y pediré mucho sacrificio. Sobre todo, pediré un amor especial a mi Estrella Mayor, a mi Hijo, la Eucaristía”. ¡Qué cosa más linda, que cosa más maravillosa lo que María nos pide! Ella desea que se ame con mucha intensidad a su Estrella Mayor, a su Hijo, la Eucaristía. Finalmente nos dice lo que creo es el título más lindo que Ella misma se adjudica.
“Yo soy el Ángel Mayor enviado de estos tiempos, la Virgen de Luz, la Virgen María”. Pero sobre todo, “la Esposa de Dios”. Esto de “la Esposa de Dios” tiene una trascendencia bien grande. Son los tiempos en que Ella se manifiesta como la Esposa de Dios, la esposa perfecta, para ser ejemplo de las esposas y de las familias. Es este el tiempo en que Ella, María, se muestra como figura para imitar dentro de la familia, se nos manifiesta como Esposa de Dios.
Luego cierra su cuarto mensaje con las palabras: “Plenitud y mi promesa; restitución del camino.” Y lo repite 7 veces porque es ahí donde Ella nos quiere llevar. De hecho, esta oración consiste de siete palabras. Horizontal y verticalmente el número siete se manifiesta. El siete simboliza Plenitud. Plenitud es algo pleno, lleno, completo o perfecto. Plenitud es el grado óptimo de santidad. María quiere cristianos caminando hacia la perfección, hacia la Plenitud, no cristianos estancados; porque el agua estancada se descompone.
Plenitud es la época de la encarnación del Verbo Divino. María, la Virgen, quiere que ese Verbo Divino se encarne en cada uno de nosotros. Ella quiere que el Evangelio del Señor tome vida en nuestro interior. Cada vez que leemos las Sagradas Escrituras, nuestra responsabilidad de vivir el Evangelio aumenta. Un día Dios nos pedirá cuentas por haberlo cumplido o no durante nuestra vida.
La promesa a la que se refiere la Santísima Virgen es la misma que nos hace Cristo. Ella siempre hace lo mismo, repetir las palabras de Cristo. La Virgen quiere que nos acojamos a su promesa, que no es otra cosa que la promesa de Cristo, de conseguir la santidad para alcanzar la gloria eterna. Tenemos que ser santos de por vida, hasta la resurrección. No lo podemos dejar para mañana o para después, es ahora. Tampoco podemos ser santos por una hora, ni por unos años. Tampoco es intentar a ver si podemos ser santos, todos tenemos que hacer hasta lo imposible para lograrlo. Todo cristiano está llamado a ser santo. Y ¿Qué es ser santo?... Buscar la perfección, buscar a Cristo dentro de todas nuestras imperfecciones. ¿Quiénes pueden llegar? ... Todos los seres humanos. ¿Quiénes no llegarán?... Los que no tienen el interés, ni lo desean. Dios nos creó pero con el propósito de que regresemos a Él. Dios no da la libertad para que hagamos lo que queramos. Si queremos caminar hacia Él, o hacia otro lado es nuestra decisión. Si queremos caminar con Cristo, caminamos; si no queremos caminar, no caminamos. Dios no nos obligará a hacerlo. La Virgen quiere unos cristianos entregándose cada día más, caminando el camino del Calvario, el camino de la cruz.
La palabra restitución viene de restituir, quiere decir volver a su origen. Y volver a su origen no es otra cosa que encaminar a los cristianos a la fe verdadera dentro de la práctica correcta, dentro del camino verdadero, pero es más profundo que eso. Nuestro origen comenzó en el Paraíso, fuimos creados a imagen y semejanza de Dios. En un mundo donde fuimos creados para no morir, el pecado nos hizo morir. Así que la palabra restitución quiere decir que nosotros tenemos que volver al Paraíso del Reino de Cristo, restituyéndonos cada día, eliminado el pecado y volviendo a ser de ese mundo sobrenatural. Y más maravilloso aún es que no tenemos que esperar a la muerte para que ese mundo sobrenatural esté con nosotros. Entendamos eso. Debe llegar un día que nosotros miremos a la gente y no escojamos una esposa porque tiene unos ojos bellos, sino que la escojamos por su espíritu, por su profundidad, por lo que es de Dios, por lo que le pertenece a Dios. Que podamos ver al alma de los hombres, podamos sentir a Dios a nuestro alrededor en ese nuevo mundo de restitución.
Aquí en la tierra podemos edificar ese nuevo reino, pero de vivencia no de palabra, no simplemente diciendo, sino haciéndolo realidad para llegar a esa plenitud, a esa perfección, a esa restitución. Camino de la restitución se edificará el Reino de Cristo. La restitución costará mucho sacrificio, mucho dolor, mucha persecución, mucha angustia. No los estoy invitando a una vida fácil. Los estoy invitando a una vida difícil, a una vida de entrega. La vida del cristiano verdadero, es vida de entrega. Los estoy invitando a una vida de restitución donde los hombres y mujeres, de una manera especial, se van a dar a Cristo, viviendo en su comunidad, con su familia, siendo ejemplo ante sus hijos. Una nueva comunidad donde se viva la gracia de Dios; a eso se refiere restitución.
En el Evangelio, Cristo dijo: “Todo pasará, pero mis palabras no pasarán”. Las palabras de Cristo jamás pasarán. Así es que su Reino en la tierra se hará una realidad, sin importar el poder de los gobiernos que imperen sobre la faz de la tierra, ni las sectas, ni las filosofías de los hombres de poder. Nada podrá contra las palabras de Cristo, que se harán finalmente una realidad. El Reino de Cristo en la tierra se hará realidad y la Santísima Virgen nos invita a participar de ese Reino.



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