Propósito de la aparición

Siempre que hablan de una aparición de la Santísima Virgen, lo primero que debemos preguntarnos es: ¿Qué quería la Virgen al aparecerse en ese lugar? Todos los sucesos sobrenaturales como curaciones, sanaciones y milagros que ocurren en el lugar de cualquier aparición suceden para dar testimonio de que la Santísima Virgen está presente en ese lugar y que así como creemos en esos milagros también creamos en el mensaje que Ella trae y en su pedido.

Para poder comprender verdaderamente cual fue propósito de la Santísima Virgen del Rosario del Pozo en Sabana Grande, Puerto Rico, en esta aparición, tendremos que ir al pasado, a la creación del hombre.

En el principio, Dios creó al hombre. Creó a Adán y a Eva y les entregó el Paraíso. Pero Dios impuso un mandato de obediencia y ellos no obedecieron. Por esta razón, por el gran pecado de la desobediencia, el hombre que esta allí en el Paraíso, que lo tenía todo, que disfrutaba de todo, fue expulsado de él, condenado y castigado a la muerte. Pero Dios en su misericordia siempre siguió enviando el mensaje al hombre. Al principio lo hizo a través de los profetas. Entre ellos podemos recordar a Moisés. Dios le entregó las tablas de los Diez Mandamientos para el pueblo de Israel y sin embargo, el pueblo de Israel volvió a desobedecer.

El hombre siguió desobedeciendo y Dios en su infinito amor siguió enviando su mensaje. Y para que no nos quedara duda, Dios mismo se hace hombre. Se imaginan, ¡Qué cosa más grande! Dios Todopoderoso, Omnipotente, encerrarse en un pequeño cuerpo de hombre, en un cuerpo de carne y hueso. Dios Todopoderoso hace ese gran sacrificio por amor a nosotros y decide el mismo venir a la tierra hacerse hombre y enseñarnos cómo es que Él quiere ser servido y adorado. Jesús nos deja el Evangelio para que lo vivamos. Pero el hombre, al correr de los años, vuelve a olvidarse de Dios, de su mensaje y vuelve a desobedecer.

El hombre de hoy se ha ido engrandeciendo con todos los avances tecnológicos y se ha llenado de una soberbia intelectual tan grande que muchas veces se cree que puede vivir sin Dios. Cree que todo lo puede hacer. Se cree un pequeño dios. Muchas veces, sumido en esta indiferencia tan profunda, ya no piensa en Dios ni en la Santísima Virgen.

Sin embargo, Dios, porque ama al hombre profundamente, no lo abandona y envía también una mensajera muy especial, María, la Santísima Virgen.  Ella también ha venido a la tierra en varias ocasiones para recordarnos cuál es el camino que tenemos que seguir.

Conocemos la aparición de la Virgen del Carmen, de la Virgen de Fátima, de la Virgen de Lourdes y sabemos que en todas sus apariciones, la Santísima Virgen pide oración y sacrificio. Siempre nos recuerda cuál es el camino que lleva a Dios.

La Santísima Virgen vino a Puerto Rico a regalarnos un privilegio, y nos escoge para una misión santa. Ella quiere que nos comprometamos a cumplir con el pedido de su Amadísimo Hijo y a que nos hagamos dignos de dicho privilegio con nuestra transformación. Nos haremos dignos de ese gran privilegio imitando a Jesús que nos enseñó el camino de la entrega con una entrega total. Nuestra Madre vino a llamarnos a cada uno de nosotros para ser apóstoles de estos tiempos difíciles, a ser hombres de entrega a través de la oración y el sacrificio. La Santísima Virgen quiere hacernos reconocer que Dios nos llama de una manera muy especial en estos tiempos donde el hombre se ha sumergido en la complejidad de los conocimientos. Somos escogidos por María. Ella misma ha venido a decirnos que nos quiere como sus apóstoles. Ella nos dice que nos necesita para formar su pequeño ejército de apóstoles de este tiempo.

La aparición de la Virgen en Sabana Grande es un meditar del Evangelio. María nos invita a reconocer nuestra nada. Ella ha venido para despertarnos de nuestra indiferencia. María nos invita a que surja un pueblo que tenga una devoción profunda, un amor y una gran adoración a su Hijo Jesús, para que la fe crezca y el Reino de Dios se haga realidad aquí en la tierra. María nos enseña a ser esclavos del Señor, como Ella fue su esclava.

La Santísima Virgen viene en busca de unos cristianos excepcionales, cristianos que puedan ser luz en medio de la oscuridad que impera hoy. La Virgen ha venido como instrumento de definición. Ella quiere despertar a los hombres de hoy para que se conviertan en cristianos conscientes y crecientes en la gracia de Dios. Ella quiere cristianos que, entregados al Señor y por Su Gracia, puedan transformarse en una nueva estirpe, en una nueva generación de hombres que tengan a Dios como prioridad de vida.

Los grandes problemas del hombre de hoy son la indiferencia, el egoísmo y la ausencia de virtudes. Se nos ha enseñado la comodidad, la facilidad y la complacencia de nuestro yo y nos hemos olvidado de Dios. El camino de Dios, el camino de la salvación no es fácil. Es un camino de espinas, un camino de sacrificio, un camino de entrega, y por eso es descartado por el hombre de hoy.

María viene como Capitana y Reina de los apóstoles de los tiempos, que con su acción, con su entrega, con su ejemplo, serán definición en estos tiempos de confusión. La Santísima Virgen viene en busca de hombre y mujeres que quieran ponerse de pie y que en este tiempo, cuando el hombre está sumido en una indiferencia profunda para las cosas de Dios, cuando el hombre ya no participa de los sacramentos, y se ha olvidado de rezar, de lo que es sacrificio, surja entonces un puñado de hombres, que quieran levantarse, salir de esa indiferencia y quieran comenzar a amar a Dios sobre todas las cosas.

Cada uno de nosotros, a través del Evangelio, somos llamados a ser santos y es por eso que María Santísima como Madre perfecta nos va llenando de amor, para que conociéndola más podamos imitarla y llegar a la santidad en Cristo Jesús. No se puede decir que se es cristiano si no se es santo, porque santo es vivir en la gracia de Dios y en el camino de Jesús.

La Santísima Virgen del Rosario del Pozo  en su aparición en Sabana Grande quiere que en donde quiera que estemos seamos definición para el resto de las personas.  Ella lo que nos pide es que transformándonos nosotros primero, transformemos  la humanidad. No debemos de tener miedo de entregarnos a ser cada día mejores cristianos. Si fuéramos a decirle a alguien un día qué quería la Virgen del Rosario del Pozo… podríamos decirle, la Virgen se apareció buscándote a ti, a mi y a cada uno de los hombres de este tiempo. Viene en busca de todos nosotros, porque nos quiere transformados. Ella necesita que nosotros comencemos a transformar nuestra vida para que viviendo en sus virtudes, viviendo los sacramentos, haciendo sacrificio, oración y penitencia, teniendo una vida ejemplar podamos ir transformando poco a poco la humanidad. A eso es lo que Ella nos invita y motiva, a una vida muy especial, a una vida de santidad que dará frutos de vida eterna.