Explicación del Tercer Mensaje

"Hijos míos, cuídense del egoísmo, este demonio ha penetrado en el corazón de muchos hombres en el Verdadero Camino."

Quizás ese es el mayor problema que Ella nos señala. Le llama demonio al egoísmo porque arrastra al hombre, lo domina. En mi casa mi papá y mi mamá me lo enseñaban. Yo creo que los campesinos eran sabios. Me decían: Cuídate del que te alaba, cuídate del que te pasa mucho la mano porque algo busca y algo quiere.Hemos aprendido mucho de relaciones humanas, cómo convencer y cómo complacer a los demás. Todas esas cosas lo que realmente buscan es destacar el “yo”. Hacer que la persona se convierta más egoísta cada día. Es como una campaña que ha empezado, una campaña propagada por el demonio. Salen personas desconocidas que dicen: "Haz lo que quieras", "puedes hacer lo que quieras", "la felicidad está en hacer lo que tú quieras", "si tu matrimonio te va mal divórciate", "si tu padre te da problemas vete de la casa". Esa es la filosofía que están usando algunos psiquiatras y psicólogos. "Eso es lo que te complace, hazlo..." Es una exaltación al “yo”.Dice la Virgen que este demonio ha entrado en el alma de muchas personas que van por el buen camino.

Luego la Virgen nos habla como siempre Ella les habla a sus hijos. Nos dice:

"Hijos es hora, es la hora de que todos los hombres se unan en oración continua suplicando la misericordia de mi Hijo."

La Santísima Virgen desde hace mucho tiempo, nos ha estado diciendo que la paciencia de Dios con nosotros está llegando a la culminación. Aunque Dios puede hablarle al hombre, envía su mensaje a través de nuestra Iglesia, del Evangelio, de los sacerdotes, de personas inspiradas por el Espíritu Santo y directamente a través de María Santísima.

A pesar del mensaje que Dios nos envía, a pesar de haberle hablado Dios a su pueblo; aún así el hombre sigue alejándose de Dios y de la Santísima Virgen. Desde el 1987, la Santísima Virgen nos está diciendo, a través de su mensaje, que ha llegado la hora de que todos los hombres se unan en oración.

¿Por qué vamos a suplicar la misericordia de su Hijo? Por lo que Ella nos ha señalado, por todas esas cosas, por toda esa podredumbre, el mal que corrompe al hombre de hoy, porque el demonio ha penetrado en el alma de muchos hombres dentro del Verdadero Camino.

Y me pregunto: ¿Cuántas personas han leído los mensajes que la Santísima Virgen nos ha dejado en Puerto Rico y para el mundo entero? ¿Cuántas los han escuchado? ¿Cuántas han decidido cumplir con el pedido que en estos mensajes la Santísima Virgen nos está haciendo? ¿Cuántos hombres se encuentran en oración continua, suplicando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para la humanidad?

Recuerdo un momento muy especial donde en una visión María Santísima estaba postrada de rodillas y detrás de Ella estaba todo un pueblo. Todo el pueblo estaba de rodillas junto a María, pidiéndole a Dios que derramara su gracia sobre ese pueblo, para que el Señor tuviera misericordia de todos nosotros. Yo les pido que nos hagamos eco de esta visión y que desde hoy en adelante, a imitación de la Santísima Virgen, comencemos a amar profundamente, a convertirnos en un pueblo de oración, penitencia y sacrificio; para que la futura venida del Reino de Cristo sobre este pueblo, pueda convertirse prontamente en una realidad; para que el reino espiritual del Señor, a través de la vivencia verdadera del Evangelio, pueda convertirse en una gran realidad.

El Evangelio de Cristo es el mismo en todos los tiempos; el mundo material cambia, pero el Evangelio nunca cambia. Si el mundo no quiere creer que la Santísima Virgen se manifestó en este lugar, yo les hago un llamado al corazón diciéndoles: ¿Has entendido lo que dijo Jesucristo en el Evangelio? ¿Saben qué? Si nos dijesen que descubrieron una inyección en los Estados Unidos que nos mantendrá jovencitos y vivos por 500 años, estoy seguro de que muchos o la mayoría, aunque nos costase $100,000 dólares, saldríamos corriendo a ponernos la inyección; así tuviésemos que vender casa, auto, perro, zapatos, pantalón y camisa. Lo haríamos con tal de recibir esa inyección. De la misma manera, deberíamos correr para poder participar del Reino de Cristo y deberíamos estar muy dispuestos a darlo todo por responder al Evangelio. Cristo no nos promete vivir jovencitos por 500 años solamente. Él nos promete la eternidad a cambio de una entrega total a Él: "Quién quiera venir en pos de mí que se niegue a sí mismo, que cargue su cruz y me siga."

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