Indice
Introducción
“No tengan miedo”
El arco iris del primer día
El silencio del primer día
Las once de la mañana
El remolino del cuarto día
El peregrinar de la Virgen
Ángeles escoltan a la Virgen
Los pinos
La Virgen vestida de negro
Las cuatro prendas color marrón
Tres lugares que visitó la Virgen
La Virgen cambia de vestimenta
La corona de la Virgen
El cinturón de la Virgen
La campana
La directora de la escuela
La ventana de la escuelita
Ven al diablo y lo describen
La Virgen camina en zig-zag
Remolinos al paso de la Virgen
El rosario escondido
El rosario bendito
El sacerdote vestido de laico
La señora que no recibió una flor
La Virgen pidió flores blancas
Flores suspendidas en el aire
“La Virgen deja mensajes escritos en carne”
¿Por qué eres tan hermosa?
María llena de luz
La mujer hermosa
Visión del Bautismo de Jesús
La visita al Cielo y al Purgatorio
La visión del Crucificado
Cristo Resucitado
“No viniste porque no quisiste”
El regalo más grande

El rosario iluminado
Las tres manifestaciones de la Virgen
La Virgen canta con los niños
Las hortensias
Ven ángeles
La Virgen bendice el agua del pocito
“No se puede dar agua del pozo hasta las diez”
El árbol que fue tocado por la nube
La foto de la Virgen
La Virgen en procesión con velas encendidas
El milagro de la pintora Nora Freyre
Iglesia cerrada a peregrinos
Andreíta
Las libretas perdidas
Don Eladio, el policía
La Virgen pide el rezo de siete rosarios
La lluvia de colores
Visión de la maestra
Ven a la Virgen bajando de la montaña
“Podrás lograr lo que te pida”
La Virgen se despide vestida de color rosa
“Ahora es que todo comienza”
“¡Virgencita, si yo pudiera arrodillarme!”
El milagro del sol

Introducción

Durante los 33 días en que la Santísima Virgen del Rosario del Pozo estuvo apareciendo en Sabana Grande en el año 1953 Doña Josefa Ríos, la maestra de los niños videntes y estos: Ramonita Belén, Juan Ángel Collado, e Isidra Belén, de siete, ocho y nueve años respectivamente, dan testimonio de que la Virgen entraba en su salón de clases. Los niños la veían y la anunciaban. La maestra sentía su presencia y en deferencia se levantaba de su silla que luego era ocupada por la Santísima Virgen. Desde el escritorio de la maestra, la Virgen enseñaba a los niños videntes desempeñándose como maestra y formadora perfecta del conocimiento que en virtud de su encomienda vino a impartirles.

Les enseñó de lo concreto a lo abstracto. Por medio de símbolos imágenes y visiones, logró que su enseñanza quedara comprendida y grabada en la memoria de aquellos tres niños y muy especialmente en Juan Ángel Collado, a quien le daría mayor responsabilidad en la difusión del propósito y cumplimiento de su visita. La Santísima Virgen demostró y confirmó su presencia a través de muchos sucesos sobrenaturales, milagros y curaciones que respaldan, dan crédito y comprueban este gran y sobrenatural acontecimiento ocurrido en Puerto Rico en el 1953. Por su contenido didáctico, muchas de las enseñanzas y hechos sobrenaturales ocurridos durante los 33 días de las apariciones se han recogido en breves anécdotas llamadas: “Escuelitas” – de la Virgen del Rosario del Pozo.

Cada una de estas anécdotas transmite una enseñanza profunda. Todas las acciones y palabras de la Santísima Virgen durante su aparición tienen un propósito bien definido. En las “escuelitas” la Virgen nos ha legado un gran tesoro.

Las “escuelitas” presentadas en este manual han sido recogidas de relatos de los videntes y de otros testigos principales de la aparición, como también de los periódicos que anunciaron e informaron día a día el hecho histórico.

Muchas de ellas constan de dos partes: la anécdota y la enseñanza que se desprende de ella. La anécdota es un hecho histórico fundamentado en los testimonios de quienes vivieron y transmitieron el hecho de manera oral y/o escrita. La enseñanza se basa en las interpretaciones que la Misión a hecho a lo largo de todo este tiempo, basada en la piedad y espiritualidad que se desprende de la misma aparición y de las enseñanzas que directamente la Virgen dio a los niños videntes.

Les exhortamos a que aprendan y vivan intensamente sus enseñanzas. Rogamos a la Santísima Virgen del Rosario del Pozo que estas escuelitas cumplan su propósito: Crecer en la fe en medio de momentos de confusión y ayudarnos a conocer, entender y vivir el mensaje de su Amadísimo Hijo, Jesús.

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“No tengan miedo”

El jueves 23 de abril de l953, a las once de la mañana, fue la primera aparición de la Santísima Virgen del Rosario del Pozo en el barrio Rincón de Sabana Grande. En este primer día sólo Juan Ángel estuvo presente. Del segundo día en adelante le acompañaron Ramonita e Isidra Belén. Durante los dos primeros días, la hermosa joven suspendida en su nube permaneció en silencio, mirándolos profundamente a los ojos. Fue al tercer día que rompió su silencio y acercándose a los niños les dijo: “No tengan miedo, soy la Virgen del Rosario”.

El mundo sobrenatural en un principio puede provocar temor, por lo que la Virgen, inmediatamente que se presenta se anticipa diciéndole a los niños: “No tengan miedo”. Les anuncia que es la Virgen, la Madre de Dios: “Soy la Virgen del Rosario” y que su visita está enmarcada en el Santo Rosario; arma eficaz contra los males del mundo, herramienta perfecta de intimidad y comunicación con Dios y con Ella.

Sus primeras palabras trascienden, apoyan y fortalecen el propósito de su visita. Con ellas también nos llama a ser valientes apóstoles de estos tiempos teniendo a Dios como prioridad de vida. Ella está con nosotros siempre protegiéndonos y guiándonos sobre todo en los momentos difíciles de prueba y dolor.

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El arco iris del primer día

Fue el jueves, 23 de abril de 1953, cuando a las once de la mañana la señora encargada del comedor escolar de la Escuela Lola Rodríguez de Tió, pidió a un niño de la clase que fuera a buscar agua para el almuerzo a un pocito que quedaba cerca del lugar. Juan acompañó al niño hasta el pocito. Como el niño era más grande y más ágil que Juan, tomó el envase de latón, que le habían dado y comenzó a llenarlo de agua ayudándose con una pequeña latita. De momento, se quedó paralizado al ver que el agua se había llenado de muchos colores. Parecía como si un arco iris se estuviera derramando de la latita al envase. El niño llamó a Juan asustado y cuando Juan se acercó, el niño salió corriendo volteando el envase y derramando el agua de colores sobre la tierra.

El arco iris, símbolo de la alianza de Dios con el hombre, fue la primera señal que anunció que algo sobrenatural iba a ocurrir en el lugar. Es relevante el hecho de que en el primer día de esta manifestación el arco iris se esparciera sobre la tierra. En su pacto con Noé, Dios puso su arco en las nubes, enfatizando Su parte de la alianza. Con el arco iris sobre la tierra, la Santísima Virgen viene a recordarnos que han llegado los momentos de que el hombre cumpla con su parte de la alianza. Es necesario que los hombres respondan al llamado, cada vez más urgente, que Dios está haciendo a través de su Santísima Madre para la conversión y transformación de toda la humanidad.

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El silencio del primer día

Cuando el niño Juan Ángel fue el primer día a buscar agua al pocito lo primero que percibió, segundos antes de la aparición de la Santísima Virgen, fue un silencio tan profundo, que ni siquiera se oía la brisa sobre los árboles, ni los animalitos del campo, ni los pajaritos. No se oía el agua del riachuelo cercano que estaba continuamente corriendo. Juan Ángel dice que en toda su vida jamás había sentido un silencio tan profundo como aquél; todo estaba como paralizado, quieto, como si toda la naturaleza se hubiese detenido, como si no existiese el tiempo.

Este suceso extraordinario nos enseña que para poder escuchar a Dios y a María Santísima tenemos que hacer silencio en nuestro interior, estar en gracia, en paz, apartarnos de las preocupaciones del mundo y estar libres de ataduras.

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Las once de la mañana

Durante los 33 días de la aparición, la Santísima Virgen solía presentarse puntualmente a las once de la mañana sobre el pocito. En su tercer mensaje divulgado en el año 1987, Ella nos dice: “A las once de la mañana los visité por primera vez para hacerles el llamado de la Hora. Un gran peligro amenaza la humanidad… Hijos nuevos, estén alerta, Plenitud es lo que quiero”.

Las once de la mañana nos recuerda la hora undécima de las Escrituras (Mt. 20,1-6), sugiriendo que es la última oportunidad que se le dará al hombre para su conversión a Dios. Ha llegado la HORA, dice la Santísima Virgen en su tercer mensaje. Es urgente volver nuestros ojos a Dios. Este es “el llamado de la HORA.”

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El remolino del cuarto día

Cada vez que la Virgen atravesaba el cañaveral, a su paso se podía observar como se movían las pajas formando un pequeño remolino que todas las personas presentes veían. Este remolino se movía siempre al frente de los niños videntes. El cuarto día de la aparición, a las once de la mañana, sobre el pocito se formó un remolino más grande de lo usual, parecía un tornado. Los niños videntes relataron que de este tornado surgió una nube de colores y dentro de esa nube se encontraba la Santísima Virgen vestida de blanco que ascendía al cielo.

La nube como elemento intermedio entre la Santísima Virgen y el hombre, es símbolo del paso del mundo del hombre al mundo de Dios. Los colores nos recuerdan el arco iris, que simboliza la alianza de Dios con el hombre. La Santísima Virgen estaba vestida de blanco porque quería comunicarnos que para poder retornar a Dios tenemos que ser como Ella inmaculados, puros, sin mancha ni pecado.

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El peregrinar de la Virgen

Debido a la multitud de creyentes que comenzaron a visitar el lugar de la aparición, se prohibió a los niños salir de la escuela e ir al pocito. Fue entonces que, desde el quinto día en adelante, la Santísima Virgen comenzó a caminar del pocito a la escuelita, donde se comportaba como una maestra, como una formadora. A través de imágenes, símbolos y escritos les dejó las enseñanzas para la formación de una nueva generación de cristianos verdaderos que vivieran a plenitud el Evangelio de Cristo. También la Virgen peregrinó con los niños por la carreterita que va del lugar de la aparición al pueblo de Sabana Grande, hasta la parroquia del pueblo, al río Guanajibo, al monte que está localizado detrás del lugar donde ocurrió la aparición, a la casa del niño Juan y por las áreas cercanas al pocito.

El caminar de la Santísima Virgen es símbolo del peregrinar del cristiano hacia el Señor. La Santísima Virgen quiso enseñarnos que la vida del verdadero cristiano es una de caminar y de diligencia continua en el servicio a Dios.

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Ángeles escoltan a la Virgen

Según testimonio de los videntes, la Santísima Virgen, en su peregrinar, iba siempre acompañada de dos hermosos ángeles, uno a cada lado, a manera de escolta. Eran jóvenes e idénticos. Vestían túnicas blancas cortas y calzaban sandalias amarradas hasta la rodilla.

Este suceso plasma y pone de manifiesto la protección celestial a la Madre y Reina de todo lo creado, durante sus peregrinaciones, hecho que tiene precedentes en otras apariciones.

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Los pinos

En las cercanías de la escuelita rural, Lola Rodríguez de Tió, se encuentran grandes pinos. Son muchos los devotos de la Virgen del Rosario del Pozo que dan testimonio de que en el año 1953, durante los 33 días de la aparición, al paso de la Madre Celestial, estos pinos se inclinaban haciendo reverencia a la Reina de Cielos y Tierra.

Este hecho sobrenatural confirma la presencia de nuestra Santísima Madre en tierra puertorriqueña. Vemos como Dios se encarga de enseñarnos, a través de la naturaleza, que tenemos que reverenciar lo divino. Si ante la presencia de la Santísima Virgen los pinos se inclinaban, reflexionemos cuál debe ser nuestra actitud ante Ella y a la presencia de Dios mismo en la Eucaristía.

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La Virgen vestida de negro

Durante los 33 días de su aparición la Santísima Virgen vestía una túnica blanca y un manto azul, una corona de siete estrellas y sus cuatro prendas color marrón: El cinturón, el broche, las sandalias y el rosario, entre sus manos.

Sin embargo, uno de los 33 días de las apariciones, la Santísima Virgen entró vestida de negro a la escuelita. Con su vestido negro demostró el profundo dolor que sentía en su corazón porque llegarían tiempos en que los hombres no reconocerían ni amarían a Dios.

Desde ese momento la Virgen nos dejaba saber que llegarían tiempos en que los hombres vivirían de espaldas a Dios, sumidos en una profunda indiferencia debido a la falta de fe, de esperanza y de caridad, según nos indica en sus mensajes. “El egoísmo de los hijos de Dios será causa de conflictos y divisiones que agudizarán más mi dolor. “

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Las cuatro prendas color marrón

La Virgen del Rosario del Pozo vino vestida con siete prendas de vestir en las cuales se resume con precisión su mensaje. De las siete prendas, tres nos hablan de la asistencia divina (la corona de siete estrellas que simbolizan los siete sacramentos de la Iglesia, el manto que representa la protección de la Santísima Virgen a sus hijos y la túnica blanca, símbolo del sacerdocio real de los fieles). Las otras cuatro prendas de vestir son de color marrón como la tierra, símbolo del hombre y representan nuestra participación activa en el propósito de la Santísima Virgen. El rosario simboliza la oración y el sacrificio. El broche simboliza el pequeño reinado de María Santísima sobre los apóstoles de los tiempos, reinado al cual Ella nos llama a formar parte. El cinturón, simboliza la obediencia que debemos a la jerarquía y enseñanzas de la Iglesia. La sandalia es símbolo de nuestro peregrinar hacia el Señor y de la diligencia, virtud que nos impulsa a obrar con prontitud para lograr el pedido de la Santísima Virgen del Rosario del Pozo.

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Tres lugares que visitó la Virgen

La Santísima Virgen visitó varios lugares durante los 33 días de la aparición. Tres de estos fueron: El pocito – fuente de la gracia, la escuelita – lugar de formación y la casa de Juan Ángel – símbolo de la vivencia. Los tres simbolizan y nos recuerdan las tres “fases” en que el cristiano verdadero tiene que crecer: En la gracia, frecuentando los sacramentos de la Verdadera Iglesia, viviendo una vida de oración y sacrificio. En segundo término, tenemos que formarnos en la doctrina y enseñanzas de la Iglesia Católica y en el mensaje y pedido que la Madre de Dios nos dejara en Sabana Grande. Por último la vivencia, que no es otra cosa que la práctica de todas las virtudes en nuestro apostolado y en la vida diaria, siendo ejemplo en todo momento del cristiano verdadero, el hijo nuevo que Ella ha venido a buscar.

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La Virgen cambia de vestimenta

Cierto día uno de los niños videntes preguntó a la Santísima Virgen: ¿Cuántas vírgenes hay?, En ese instante la Santísima Virgen levantó su mano y, ante los ojos de asombro de los tres pequeños niños, comenzó a cambiar de vestimenta, representado las diferentes advocaciones. Luego, les contestó: “Ven, soy sólo una”.

La maestra de los niños dio testimonio de que, ese día, según los niños narraban como se veía la Santísima Virgen, pudieron identificar varias advocaciones tales como: La Virgen del Carmen, la Virgen Dolorosa y la Virgen de la Medalla Milagrosa. La Santísima Virgen nos enseña que Ella es la Madre de Dios y no importa la advocación, Ella es sólo una.

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La corona de la Virgen

La corona de siete estrellas de la Virgen es una de las siete prendas de vestir que Ella utilizó para recordarnos el mensaje de su Hijo Jesucristo. La Virgen en Sabana Grande aparece coronada con lo mejor de la Iglesia, los sacramentos simbolizados en las siete estrellas visibles, que también representan las siete virtudes de la Virgen. La estrella central sobre su frente es la mayor de todas y simboliza el sacramento de la Eucaristía. A diferencia de otras apariciones, la Virgen del Rosario del Pozo se manifestó a los niños llevando una corona horizontal. Este es un signo de singular importancia ya que, por primera vez, la Santísima Virgen aparece coronada en forma similar a los reyes y las reinas de la tierra.

La corona horizontal es un signo que nos presenta el pequeño reinado de María Santísima sobre los apóstoles de los tiempos. Este signo deja entrever el propósito de una Misión, a través de la cual Ella será reconocida como Reina de todos los hombres sobre la faz de la tierra. Como Reina del Cielo, la Virgen lleva su corona en forma vertical. Como reina de los apóstoles de los tiempos, la Virgen lleva su corona en forma horizontal. La Santísima Virgen, a través de sus mensajes, deja profetizado que, en los momentos de confusión que se avecinan, reconoceremos cual es la verdadera Iglesia, porque la proclamará Madre de la Iglesia, Madre de Nuestro Señor Jesucristo y Madre de todos los hombres.

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El cinturón de la Virgen

Cada una de las prendas de vestir de la Santísima Virgen lleva un mensaje. Su cinturón, o correa de color marrón simboliza la obediencia que le debemos a la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Es importante destacar que la correa de la Santísima Virgen no tenía broche ni hebilla, era una pieza completa, representando ésta que tenemos que obedecer siempre, sin condiciones y de forma total.

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La campana

La maestra de los niños tenía en el salón de clases una campana que utilizaba para llamar la atención de los niños, para darles alguna indicación o para que quedaran en silencio. En varias ocasiones los videntes narran que la Santísima Virgen tomó esta campana entre sus manos y la hizo sonar. Muchas personas que se reunían alrededor del salón de clases testifican haber visto la campana de la maestra suspendida en el aire.

La Santísima Virgen, a través del sonar de la campana, nos hace un llamado. Es el llamado de la Hora, llamado urgente a la oración, al sacrificio y a la penitencia, a formar la nueva generación de cristianos comprometidos con el Evangelio de Cristo.

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La directora de la escuela

Para poder continuar con el curso escolar se prohibió a los niños ir al pocito a buscar agua. Como los niños no podían salir del salón de clases, la Virgen comenzó a caminar del pozo hasta la escuelita y allí se comportó como una maestra, como una formadora. Aunque Doña Josefa, la maestra, no veía a la Santísima Virgen, sentía su presencia y tan pronto los niños videntes decían que la Virgen se acercaba a la escuela, Ella se levantaba y cedía su escritorio a la Virgen. La gente se conglomeraba alrededor de la escuela y miraban por las ventanas para ver lo que sucedía dentro del saloncito.

Un día, la directora de la escuela se presentó en el lugar porque quería demostrar a todos que allí no estaba ocurriendo nada extraordinario y que las clases tenían que continuar normalmente. Por esta razón le dijo a la multitud: “La Virgen no está aquí. Aquí no está sucediendo nada. Aquí no hay nada de verdad. Los niños dicen que la Virgen está sentada en esa silla y yo les voy a probar a ustedes que la Virgen no está ahí. Yo me voy a sentar en esa silla”. Cuando trató de acercarse para sentarse en la silla, cayó inconsciente. Permaneció así por algún tiempo recluida en un hospital.

Esto sucedió porque el mundo sobrenatural es totalmente incompatible con el mundo del pecado; no debemos retar a Dios. La directora quedó inconsciente resaltando la soberbia del que cree que todo lo sabe, que todo lo puede resolver por sí mismo, sin respetar el poder de Dios. Contrario al verdadero cristiano que ama a Dios sobre todas las cosas y es reverente ante Él.

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La ventana de la escuelita

Según narra Doña Josefa Ríos, la maestra de los niños, tan pronto la Virgen llegaba a la escuelita ella sentía su presencia aunque no la veía. De inmediato, la maestra le cedía su escritorio. Entonces la Virgen ocupaba la silla y comenzaba su formación a los niños. Según testimonio de Doña Josefa, justo detrás de su escritorio, había una ventana de dos hojas que cuando la brisa soplaba fuerte se abrían de golpe, muchas veces golpeándole la cabeza. Sorprendentemente, cuando la Santísima Virgen se encontraba sentada en el escritorio, no sucedía de igual manera. Por el contrario, las hojas de la ventana se detenían en un punto y retrocedían, de tal manera que no la tocaban. Este es uno de tantos hechos sobrenaturales que nos confirman la presencia de la Santísima Virgen en el lugar.

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Ven al diablo y lo describen

Dentro del pequeño salón de clases, la Santísima Virgen enseñaba a los niños de una manera muy particular. Un día, Ella le indicó a una niña, a través de los videntes, que anotara unas palabras en la pizarra, pero la niña se negó. En ese momento apareció un ser horrible, de aspecto grotesco, que según se acercaba se iba convirtiendo en un demonio . Su sola presencia causaba desesperación y angustia a los niños videntes.

Juan Ángel corrió a refugiarse en los brazos de la Santísima Virgen. Ella levantó su mano e hizo que aquel demonio desapareciera por un túnel oscuro dando un fuerte alarido. Así, la Santísima Virgen demostró a los niños que la desobediencia viene del demonio y aleja al hombre de Dios.

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La Virgen camina en zigzag

Durante los 33 días de su visita, la Santísima Virgen recorrió con los niños todos los alrededores de aquel lugar. Las lomas cercanas al pocito estaban cubiertas por miles de personas. Muchas veces se observó un hecho singular. En algún punto la multitud comenzaba a abrir paso a algo, que no veían, pero sí presentían. Sobre la caña de azúcar pisada y seca se observaban remolinos de paja que se elevaban ante los pasos de la Santísima Virgen. Un dato interesante que se observó en el caminar de la Santísima Virgen con los niños entre la muchedumbre fue que Ella nunca caminaba en línea recta desde el pocito a la escuelita sino que se abría paso en forma zigzagueante entre la multitud. Buscaba caminar cerca de personas en gracia de Dios y se alejaba de aquellos que estaban en mayor pecado. Así quiso mostrarnos que el mundo de Dios es incompatible con el mundo del pecado.

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Remolinos al paso de la Virgen

Doña Josefa, la maestra de los niños videntes, contó muchos sucesos que ocurrieron dentro del salón de clases durante los 33 días de la aparición. A continuación uno de estos relatos.

La Santísima Virgen se comportaba como una maestra y los tres niños se levantaban, iban a la pizarra y escribían, como si alguna persona les estuviera dando clases. Ellos decían, al preguntárseles, que la Virgen les estaba dando clases. Cuando la Santísima Virgen se marchaba, los niños anunciaban: “Se va la Virgen”. Entonces, se formaban unos pequeños remolinos y estos remolinos se observaban desde la escuelita hasta el pozo.

Un día se acercó un señor que no creía. Cuando los niños anunciaron que la Virgen se iba, se formó el remolino y el señor dijo: “En ese remolino me meto yo porque ahí no va ná'”. El hombre se metió en el remolino. La maestra fue testigo de cómo el hombre fue lanzado y cayó lejos. Doña Josefa comentó: “Ay, la Virgen, la Virgen, es verdad que la Virgen va con los nenes, la Virgen va con ellos”.

Esto es otra manifestación sobrenatural que confirma la presencia de la Santísima Virgen y nos demuestra que el mundo de Dios es incompatible con el pecado y la falta de fe.

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El rosario escondido

Como tantas veces, uno de los 33 días de la aparición, la Santísima Virgen iba en peregrinación con los niños. Todo el lugar era un cañaveral y había mucha paja sobre la tierra. Un hombre incrédulo del pueblo vecino de Yauco escondió un rosario entre la paja en el camino por donde iban a pasar los niños, pues quería comprobar si era verdad que la Santísima Virgen iba con ellos, pues si así era, Ella no iba a pisar el rosario.

Cuando los niños, fueron acercándose al lugar donde estaba el rosario escondido, la Santísima Virgen se detuvo y pidió a los niños que buscaran el rosario que se encontraba escondido bajo la paja e identificando a su dueño, les pidió que se lo entregaran y continuó su trayectoria. Este hombre lloró amargamente su falta de fe y, desde ese momento hasta el día de su muerte, no dejó de rezar el santo rosario. Fueron muchas las pruebas que una y otra vez la Santísima Virgen dio para dejarnos saber la realidad de su presencia en aquel lugar.

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El rosario bendito

Durante los días en que la Virgen se estuvo apareciendo a Juan, Ramonita e Isidra en el 1953, una multitud seguía continuamente a los niños videntes que caminaban siempre detrás de la Virgen. La gente no los dejaba tranquilos. Frecuentemente les daban rosarios, estampas y otros objetos para que la Virgen los bendijera.

Para ese tiempo hubo una peregrinación a Roma y mucha gente trajo rosarios con cuentas de madera bien grandes. Una señora pasó el rosario que traía por encima de la gente para que la Virgen lo bendijera. Juan Ángel tomó el rosario y lo presentó a la Virgen. Siempre que la Virgen le hablaba, Juan Ángel bajaba la cabeza escuchando lo que la Virgen le decía. Luego preguntó: “¿De quién es este rosario?” Nadie se atrevió a contestar.

Y entonces Juan Ángel dijo: “Dice la Virgen que está ya bendito por el Papa.”
Entonces la señora gritó emocionada: “Sí, es verdad, yo acabo de venir de una peregrinación a Roma.”

La Virgen nos enseña a través de este suceso que en el mundo de Dios, del cual Ella es parte, todo se sabe; no existe nada que podamos ocultarle. Dios conoce nuestros actos, nuestros pensamientos, lo conoce todo. Con esta enseñanza la Santísima Virgen también reconoce ante los hombres el poder apostólico y la validez de la bendición papal.

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El sacerdote vestido de laico

Uno de los 33 días en que la Virgen se estuvo apareciendo, “un señor grande y grueso”, según la descripción que ofrece Ramonita Belén, llegó al lugar para ver si era verdad la manifestación de la Virgen. Se acercó a los niños que se encontraban en la escuelita y le preguntó a Ramonita que dónde se encontraba la Virgen. Ramonita le dijo, a la vez que señalaba el lugar donde estaba la Virgen: “Allí está, ¿no la ve?”.

Él le contestó: “No. Pero si está allí, pregúntale dónde está mi mamá, que vine con ella y no sé dónde está”.

Ramonita fue y le hizo la pregunta a la Virgen y la Virgen le contestó: “Dile al Padre, que su mamá hace tiempo que murió y está en el cielo”.

Ramonita le dijo a aquel señor: “Padre, dice la Virgen que su mamá está en el cielo, porque ella murió.”

Entonces, él le preguntó: “¿Por qué me dices Padre?”

Ramonita le contestó: Porque la Virgen me dijo que le dijera al Padre que su mamá está en el cielo”.

El señor dijo: “Yo soy un sacerdote, es verdad, y mi mamá murió hace diez años”.

Finalmente, el sacerdote emocionado, cogió a Ramonita en sus brazos y la llevó hacia fuera de la escuelita.

La Virgen hizo muchas manifestaciones como ésta, para que tanto el sacerdote, como todas las demás personas, creyesen y dejasen de dudar que ella realmente estuviera allí presente.

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La señora que no recibió una flor

Los peregrinos allí reunidos entregaban, entre otras cosas, rosarios y flores a los niños para que la Santísima Virgen los bendijera. Un día, luego que la Santísima Virgen bendijo unas flores, las niñas comenzaron a repartirlas entre los fieles allí presentes. Cuando se acercaron a una señora la Santísima Virgen les indicó que a esa señora no le entregaran una flor.

Las personas entonces preguntaron a las niñas que por qué no le dieron una flor a la señora y ellas respondieron que la Santísima Virgen les dijo que a esa señora no le entregaran una flor porque había cometido un pecado muy grave. Todos se sorprendieron pues sabían que esa señora tenía un hijo de un sacerdote.

De esta forma la Santísima Virgen quiso recordarnos que Dios rechaza el pecado y también nos recuerda la gravedad de hacer caer en pecado a un hijo predilecto suyo; a un sacerdote.

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La Virgen pidió flores blancas

Un día, estando la Santísima Virgen en la escuela, les dijo a los niños que le llevaran flores blancas. Al no encontrar flores blancas le llevaron rojas. Al colocarlas sobre la falda de la Santísima Virgen rápidamente se marchitaron.

Esto no sólo lo vieron los videntes, sino que también lo vieron las personas que se encontraban mirando por las ventanas del salón de clases. La Santísima Virgen permitió que todos vieran esta señal para demostrarle al pueblo su presencia y para dejar claramente establecido que hay que obedecer en todo, hasta en lo más pequeño.

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Flores suspendidas en el aire

Según los niños pasaban caminando detrás de la Virgen, algunas personas ponían ramilletes de flores tras ellos. Un día, un sacerdote le preguntó a Ramonita, la más pequeña de los videntes, que si era verdad que ellos iban con la Virgen, le pidiera que hiciera algo que todos pudiesen ver. La Virgen María, Madre de Misericordia, en su infinita bondad quiso complacer al sacerdote.

Entonces, los niños detuvieron su caminar y uno de los niños videntes le dijo al sacerdote, que permanecía al lado de ellos en espera de una señal milagrosa, que miraran él y todos hacia un ramo de flores que habían dejado detrás de ellos. Todos miraron hacia el ramo de flores. En ese momento, para sorpresa de todos, el ramo de flores comenzó a elevarse en el aire. Cuando el sacerdote vio esto, se acercó a las flores, las cogió, se las guardó en el pecho, dio una palmada de alegría y echó a correr. De este suceso fueron testigos muchas personas allí presentes.

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“La Virgen deja mensajes escritos en carne”

Uno de aquellos 33 días en que la Santísima Virgen se estuvo apareciendo en el Pozo de Sabana Grande, dejó a los niños siete mensajes escritos en siete pergaminos , unidos por medio de una costura en la parte superior. Al entregárselos les ordenó que no dijeran que tenían unos mensajes y mucho menos revelaran su contenido. Ese día, al finalizar la visita de la Santísima Virgen, los periodistas que se encontraban en el lugar se abalanzaron sobre los niños haciéndoles preguntas sobre lo que habían visto. Tanto insistieron que Ramonita, la más pequeña, les dijo que la Santísima Virgen había dejado unos mensajes “escritos en carne.” El vocabulario de los niños era muy limitado, y desconocían la palabra “pergamino”. Lo que más se asemejaba a lo que habían visto era la piel, que el jíbaro puertorriqueño llama “carne”.

Esa noche los tres videntes la pasaron en vela todos juntos en casa del abuelo de Juan Ángel, custodiando algo que llevaban bajo los brazos y que no le permitían ver a nadie. Al día siguiente, los niños recibieron una reprimenda de la Santísima Virgen quien les mostró lo que hubiese sucedido si los mensajes se hubiesen dado a conocer antes de tiempo. Entonces ocurrió lo que el mismo vidente llama un milagro. La Santísima Virgen tomó los pergaminos con los mensajes y los pasó frente a sus ojos. Fue pasándolos uno a uno frente a su vista y quedaron grabados en su mente para siempre. Puede leer de ellos cuantas veces quiera al cerrar sus ojos y como le hizo prometer la Santísima Virgen, lee todos los días de su vida los mensajes que Ella le dejara con la encomienda de darlos a la luz pública en el momento determinado.

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¿Por qué eres tan hermosa?

Durante los 33 días en que la Santísima Virgen del Rosario estuvo visitando tierra puertorriqueña fueron muchos los sucesos y milagros que acontecieron. En cada uno, la Madre de Dios dejaba una enseñanza.

Juan Ángel relata, cerrando los ojos, lo hermosa que es la Santísima Virgen y, como niño al fin, un día le preguntó: “¿Por qué eres tan hermosa?”.

Ella, como madre y formadora perfecta, le explicó como lo haría una madre a un niño. Le preguntó: “¿No has visto cómo de feos se ponen tus amiguitos cuando se enfadan, pelean y dicen palabras feas? Es el pecado lo que los hace verse feos. Como en mí no hay pecado, mi rostro es así”. La Santísima Virgen explicó con palabras para ser entendidas por un niño de 8 años el hermoso misterio de la Inmaculada Concepción, concebida sin mancha de pecado.

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María, llena de luz

La Santísima Virgen al aparecerse a los tres niños videntes, se presentaba ante sus ojos en forma sólida y palpable, pero de su interior, de adentro hacia afuera, salía luz. Era una luz tenue que permitía que ellos vieran aquel rostro tan hermoso.

Juan Ángel dice que en toda su vida, jamás ha visto un rostro tan hermoso como aquel. Toda Ella estaba llena de luz, incluyendo su rosario, que estaba formado por pequeñas cuentas de luz suspendidas en el aire.

La Santísima Virgen se aparece siempre llena de luz porque es pura, es Inmaculada, no tiene mancha, está limpia de pecado. La Santísima Virgen nos invita a ser como Ella: Limpios, sin mancha, llenos de luz. Ella nos pide que seamos como velas encendidas, que consumiéndonos día a día en el servicio a Dios, vayamos dando luz a los demás.

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La mujer hermosa

En una ocasión, la Santísima Virgen mostró a los niños una mujer muy hermosa. Sucedió que según esta mujer se fue acercando a los niños se fue transformando en un ser horrible hasta convertirse en un demonio.

La Santísima Virgen quiso advertirles a los niños y a todos nosotros que no todo lo que parece bueno y hermoso es de Dios, que no podemos dejarnos llevar por lo que aparenta ser hermoso. Ella quiso enseñarnos que el demonio se puede esconder detrás de lo que físicamente causa placer o atracción. Lo importante es la belleza del alma y no la del cuerpo.

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Visión del Bautismo de Jesús

Un día, la Virgen peregrinó con los niños hasta el río Guanajibo del Barrio Rincón de Sabana Grande, un río cercano al lugar de la aparición y Juan Ángel dijo: “Dice la Virgen que nos metamos en el río…” Los impedidos que andaban con o sin muletas obedecieron y entraron al agua. Mientras tanto, Juan Ángel comenzó a explicarles la visión que la Virgen le había mostrado: A Juan el Bautista, bautizando a Cristo y a una gran multitud de personas, tan grande como la que estaba allí presente. La gente, queriendo saber qué era exactamente lo que la Virgen le había mostrado al niño, formó una larga fila. Según se acercaban, Juan Ángel recogía agua del río y la derramaba sobre la cabeza de las personas. El niño estaba imitando lo que la Virgen le había mostrado en la visión. Lo sorprendente del caso fue que las personas iban saliendo de allí diferentes, mostrando mucha alegría. Todos parecían distintos, como si estuvieran llenos de una energía que antes no tenían, salían motivados y llenos de mucha paz y amor.

¿Qué querría enseñarnos la Virgen con este suceso? A través de su aparición en el Pozo de Sabana Grande, Ella quiere llevar al mundo un mensaje. La Santísima Virgen quiere que recordemos el Evangelio de Jesús, quiere que seamos Evangelio Viviente en estos tiempos de confusión. Todo el mensaje de la Virgen, en sí mismo, es un meditar de la vida de Jesucristo.

Jesús, antes de comenzar su vida pública, fue a recibir el bautismo de Juan, quien preparó al mismo pueblo, a través de un bautismo de conversión. Si lo analizamos bien, los milagros que sucedieron en el 1953 y a partir de entonces tenían el propósito de acrecentar la fe, fortalecer y preparar al pueblo para estos momentos, en que el mensaje de la Virgen se va promulgando al mundo.

Finalmente, podríamos ver este hecho como símbolo de la necesidad de conversión de un pueblo que ha presenciado muchos milagros, de un pueblo bendito que ha recibido muchos favores y gracias.

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La visita al Cielo y al Purgatorio

Muchas personas no creen en la vida después de la muerte, creen que la muerte es como un sueño. La Santísima Virgen una vez más nos recuerda la realidad de la vida eterna en su aparición en Sabana Grande. Un día, Ramonita, la más pequeña de los videntes, en su curiosidad preguntó a la Santísima Virgen: “¿Qué es el cielo?” Ella respondió a su pregunta tomando de la mano a los niños y llevándoles a un lugar hermosísimo, todo lleno de luz, todo lleno de esplendor, lleno de una felicidad tan grande que los niños hubiesen querido permanecer allí eternamente y nunca más regresar.

A ambos lados había seres bellísimos, perfectos que se parecían entre sí por su luminosidad y perfección. Al final vieron un templo enorme, tan grande como si se extendiera de una colina a otra. Comenzaron a subir la escalinata que llevaba al templo, escalones que más bien parecían de luz sólida por no tener palabras el vidente para una mejor explicación. Se fueron adentrando en el enorme templo donde todo era felicidad y belleza y una vez en el interior, Ramonita preguntó: “¿Y qué es el infierno?”, a lo que la Santísima Virgen respondió: “Ustedes son muy pequeños para mostrarles lo que es el infierno pero les voy a mostrar el purgatorio”. Entonces les llevó de la mano y caminaron hasta llegar a un lugar donde terminaba toda luz. De ahí en adelante todo era tinieblas, una oscuridad tan profunda y tan profunda que parecía que no tenía fin. De entre las tinieblas se escuchaban quejidos. Juan Ángel añade que cuando la Virgen se acercó a aquella oscuridad comenzaron a salir de entre las tinieblas hombres y mujeres con un sufrimiento muy grande reflejado en sus rostros, un sufrimiento casi indescriptible, era la culminación del dolor. La angustia que vio en esos seres no era comparable a nada que nosotros conocemos. Aún el dolor más terrible de esta vida jamás se podrá comparar con los lamentos y los rostros de sufrimiento de aquellos seres del Purgatorio. Le pedían a la Virgen que por piedad los sacara de aquel lugar porque ya no podían soportar aquella angustia y aquel dolor.

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La visión del Crucificado

Juan Ángel, el único varoncito de los tres niños videntes acostumbraba repetir con inocencia a la Santísima Virgen: “Quiero estar a tu lado siempre”. Y Ella le replicaba: “Eso es lo que tú dices ahora”. Un día, al repetirle el niño su deseo, la Virgen Santísima levantó su mano derecha y frente a los ojos del niño apareció una visión.

Allí estaba un hombre todo ensangrentado, llevando sobre sus hombros un pesado madero que le hacía caer sobre las piedras del camino, abriéndole sus heridas cada vez más; le escupían, le insultaban y le daban latigazos.

Así fue subiendo hacia un monte donde lo colocaron sobre una cruz. Con duros martillazos traspasaron sus manos y sus pies con clavos sin punta, causándole un profundísimo dolor. El niño miraba angustiado sin comprender y, entonces, la Santísima Virgen le dijo: “Eso es estar a mi lado”.

De esta manera la Virgen Santísima le dejaba saber que su vida, al igual que la de todo cristiano verdadero, sería como la vida de Cristo: Vida de sufrimiento, calvario y cruz. Tendremos que seguir los pasos del Maestro para poder alcanzar algún día la gloria de la resurrección.

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Cristo resucitado

Un día la Santísima Virgen mostró a los niños una visión de un hombre hermosísimo, lleno de luz, todo vestido de blanco. Sin embargo, algo peculiar les llamó la atención: En las manos y en los pies de aquel hombre habían las huellas de unas llagas.

Entonces, la Virgen le enseñó a los niños y a todos nosotros que no habrá resurrección sin cruz. Toda la aparición de la Santísima Virgen en Sabana Grande es un recordar del Evangelio de Cristo. Nuestro Señor nos dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”. Todo cristiano tiene que abrazar la cruz para alcanzar la resurrección.

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“No viniste porque no quisiste”

Juan Ángel, el niño vidente, se enfermó durante uno de los días de la aparición, según podemos comprobar en los titulares de los periódicos de la época. Por esta razón no estuvo presente en el lugar de la aparición ese día. Sin embargo, la Santísima Virgen lo visitó en su casa y lo atendió como una madre cuida a su hijo enfermo.

Al día siguiente, como en días anteriores a las once de la mañana, Juan Ángel acudió al pocito con las hermanas Isidra y Ramonita. Estando frente a la Santísima Virgen, Ella le preguntó por qué no había asistido a ese lugar el día anterior. Él se sorprendió ante la pregunta ya que Ella misma había estado cuidándolo en su casa. Sin embargo, bajó su cabeza y le contestó que no había estado ido porque estaba enfermo. Inmediatamente la Santísima Virgen le respondió: “No viniste porque no quisiste”.

La Santísima Virgen quiso enseñarnos que no debe existir ningún obstáculo que nos impida servir a Dios sobre todas las cosas. Nunca existirá nada que pueda justificar el que no tengamos a Dios como prioridad de vida. Si de esta manera le exigió a un pequeño de ocho años, cuánto más nos exigirá a nosotros.

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El regalo más grande

Uno de los 33 días de la aparición, Juan Ángel se sentía muy enfermo, tenía fiebre, dolor de cabeza y no podía levantarse de la cama. Le pidió a la Santísima Virgen que le quitara aquel dolor y la fiebre. La respuesta de la Santísima Virgen fue que no podía quitarle lo que era el regalo más grande que Ella podía darle. Para Juan Ángel aquellas palabras eran muy extrañas, porque no podía entender que la enfermedad o el sufrimiento fueran un regalo.

El sufrimiento es un regalo para el hombre. Detrás de esas palabras se encierra un gran misterio. La humanidad sufre hoy en día enfermedades, drogadicción, alcoholismo, presiones, tensiones, persecución y criminalidad, entre muchas otras cosas. El misterio es que el regalo detrás de cada sufrimiento ofrecido al Señor es la gracia y la esperanza de que todo este sufrir terminará en el mundo de Dios. Ese es el mundo auténtico y real al cual debemos aspirar.

Jesús elevó el sufrimiento al nivel de la salvación. Por la redención el hombre tiene la esperanza de aspirar a algo mejor. Debemos vivir pensando que por la cruz alcanzaremos la resurrección gloriosa.

La Santísima Virgen le enseñaba al niño Juan que el sufrimiento era el regalo más grande que Ella podía darle, porque le estaba regalando la eternidad junto a Dios. Juan Ángel tenía que entender eso porque su misión iba a ser muy difícil, la restitución. Esto ha implicado mucho dolor, sufrimiento, persecución y sacrificio.

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El rosario iluminado

Uno de los 33 días en que la Santísima Virgen se estuvo apareciendo Juan Ángel le prometió que rezaría el Rosario todos los días de su vida. Luego de los 33 días de las apariciones, una noche Juan Ángel se recostó y, sin querer, se durmió sin rezar el Rosario. Lo sorprendente fue que a las pocas horas se levantó sobresaltado y, sin saber por qué, caminó hacia la pequeña sala de su casa. Allí, sobre una mesita, se encontraba el rosario que la Virgen llevaba siempre entre sus manos, rosario cuyas cuentas eran como pequeños luceros que estaban unidos sin que nada los sujetase. Sin embargo, Juan pudo notar que a diferencia a cuando la Virgen lo llevaba en sus manos, aquellas cuentas estaban todas apagadas. Entonces, lo tomó en sus manos y comenzó a rezar. Para su sorpresa, al rezar el primer Ave María, una cuenta del rosario se iluminó y luego, al rezar la segunda Ave María, otra cuenta se iluminó. Así, entusiasmado terminó de rezar el rosario, quedando todas las cuentas iluminadas despidiendo su luz en todo el lugar.

La Virgen quiso enseñarnos con este suceso que cuando hacemos un compromiso con Dios, Ella nos ayuda a cumplirlo. También nos recuerda que de nada vale llevar el rosario en el bolsillo o en el auto si no se utiliza para rezarlo.

También la Santísima Virgen quiso mostrarnos con este suceso, la importancia del rezo del Rosario diariamente. La Virgen nos está diciendo que cada vez que hacemos un esfuerzo por cumplir con la oración y el sacrificio, ese esfuerzo se convierte en luz que despeja las tinieblas del mundo.

En el tercer mensaje dejado por la Santísima Virgen se nos pide el rezo del Santo Rosario todos los días. El rosario es nuestra prenda de salvación. De ahora en adelante cada vez que recemos un Ave María del rosario, en el mundo de Dios es como si una cuenta de nuestro rosario se iluminara, una cuenta de luz se enciende en nuestra alma y en nuestro corazón, que también iluminará a todos a nuestro alrededor.

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Las tres manifestaciones de la Virgen

La Santísima Virgen, en su aparición en Sabana Grande, se manifestó en tres formas o maneras diferentes: visión, humanización y presencia.

La visión ocurre cuando un ser humano, en un estado de gracia muy especial, irrumpe en el mundo de Dios. Fue de esta manera que la Virgen le mostró a los videntes muchas escenas de la vida de nuestro Señor Jesucristo. La humanización ocurre cuando un ser glorificado irrumpe en el mundo del hombre. Esto no implica que el que lo ve tiene que estar en estado de gracia. El ejemplo perfecto de humanización es el de nuestro Señor Jesucristo. Fue por la humanización de la Santísima Virgen que Ella tomaba a los niños de la mano y les enseñaba, ocupando el lugar de la maestra en la pequeña escuela rural. Por último está la presencia, que ocurre como consecuencia de haber sucedido la visión y/o la humanización. A través de unas gracias muy especiales derramadas por esta unión del mundo sobrenatural con el natural, queda en el lugar una presencia inexplicable pero real, que se puede percibir a través de perfumes, de un profundo silencio.

En el 1953, en el barrio Rincón, se reunieron cientos de miles de peregrinos que, bajo el ardiente sol y las incomodidades se quedaban horas en silencio, en profundo respeto, en espera de los acontecimientos. Hacían largas filas para poder tomar un poco de agua del pocito. Ellos no veían a la Santísima Virgen, pero sí sentían su presencia. Aún hoy muchas personas que visitan el Pozo de la Virgen perciben la presencia de lo sobrenatural en el lugar.

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La Virgen canta con los niños

Durante los 33 días en que la Virgen se estuvo apareciendo, le pidió a los niños en más de una ocasión que cantaran con Ella una canción que le agradaba mucho y que dice así: “Bendito, Bendito, Bendito sea Dios, los ángeles cantan y alaban a Dios. Yo creo Jesús mío que estás en el Altar, oculto en la Hostia, te vengo a adorar. Bendito, Bendito…”. Esta es una canción de alabanza y adoración continua a Dios.

La Virgen quiere que, al igual que los ángeles en el cielo, alabemos y adoremos continuamente a Dios con todo nuestro corazón, con todo nuestro cuerpo, con toda nuestra alma y con todos nuestros pensamientos. Que todo lo que hagamos sea para la Gloria de Dios. Que al igual que Ella, seamos siempre templos del Espíritu Santo. Ella también nos invita a visitar frecuentemente a Jesús Sacramentado para que le adoremos, le alabemos y le glorifiquemos.

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Las hortensias

Durante los días de la aparición, la Santísima Virgen acostumbraba pedir flores a los niñitos. Un día pidió que le llevaran hortensias azules.

La hortensia es una flor muy peculiar. Se compone de muchas flores pequeñas unidas al mismo tallo. Su color depende de la acidez o alcalinidad del terreno, por lo que pueden ser azules o rosadas. Este hecho es muy significativo, pues nos muestra algunos simbolismos, entre los cuales resaltan: el color azul que simboliza el mundo de Dios y el rosado que simboliza el mundo sobrenatural en la tierra.

La Santísima Virgen tiene todas sus esperanzas puestas en que la humanidad se transforme y todos lleguemos algún día a participar del mundo sobrenatural, es decir, del mundo de la Gracia de Dios. Ella quiere que seamos como pequeñas flores, todos unidos en el amor a Dios sobre todas las cosas, viviendo en sus virtudes y santificándonos, como el ramo de hortensias azules que Ella pedía. Ella quiere que le hagamos un regalo muy especial: Que seamos apóstoles en estos tiempos; que protegidos bajo su manto y viviendo en sus virtudes alcancemos la Plenitud que le ha encargado su Amadísimo Hijo.

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Ven ángeles

En los días de la aparición muchas personas que se acercaron a la escuelita testifican haber visto a los niños jugando activamente con algo que nadie lograba ver. Los videntes narran como, en ocasiones, junto con la Santísima Virgen aparecían unos angelitos hermosos que eran como niños alegres que jugaban con ellos.

Juan Ángel, nos narra la siguiente historia del angelito perdido:

“La Virgen nos mostró un ángel pequeñito. La presencia de aquel ángel era tan maravillosa, que uno se llenaba de un amor tan grande que daban ganas de seguir corriendo detrás de él. En el juego, el angelito aparecía y desaparecía; nosotros, como niños, empezábamos a correr buscándolo pero, mientras más lo buscábamos, menos aparecía. Como no lo encontrábamos fuimos donde Ella y le preguntamos dónde estaba el angelito. Ella nos dijo: “No lo busques y será tuyo, lo encontrarás”.

Algunas personas buscan por todas partes manifestaciones sobrenaturales que les atraigan o les hagan ver a Dios por pura curiosidad. En su afán, dedican sus vidas a andar detrás de estas manifestaciones por todas partes en el mundo y no se dan cuenta que Dios está muy cerca. Nuestro Señor se quedó con nosotros en la Eucaristía, en cada misa que se celebra y está en el Sagrario. Más aún, nos dejó sus enseñanzas contenidas en el Evangelio y en la Tradición de la Iglesia.

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La Virgen bendice el agua del pocito

Según nos relata Ramonita Belén, la más pequeña de los videntes, un día la Santísima Virgen se detuvo frente al pequeño pozo de agua. Levantó su mano derecha y haciendo la señal de la cruz sobre el agua del pocito la bendijo y dijo a los niños:

“De hoy en adelante todo el que tome de esta agua, con fe, podrá curarse”. La fe es poner toda nuestra confianza en que Dios nos ayudará. Jesús nos dice que si tenemos fe como un granito de mostaza podríamos mover montañas: La fe no tiene límites.

Desde ese día en adelante comenzaron a ocurrir milagros en el Pozo de la Virgen. Las filas para tomar agua del pozo eran interminables. Miles de personas llenas de fe se mantenían varios días esperando su turno para obtener un poco del agua bendecida por la Virgen. Hasta el día de hoy han ocurrido miles de milagros y curaciones físicas y espirituales.

El pocito es símbolo de la gracia de Dios. Gracia que acrecienta nuestra fe día a día.

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“No se puede dar agua del pozo hasta las diez”

A partir de las once de la mañana la Virgen solía quedarse con los niños varias horas, enseñándoles muchas cosas. En ocasiones, se quedaba con ellos hasta tarde por la noche. Para protegerlos de la muchedumbre, la abuelita de Juan Ángel muchas veces les acompañaba.

Juan Ángel era muy tímido y siempre evitaba hablar con personas mayores. Muchas veces sólo le decía a su abuelita lo que la Virgen pedía. Un día, alrededor de las ocho de la noche, la abuelita de Juan se dirigió a las personas diciendo: “Dice Juan Ángel que la Virgen dice que todos aquellos que quieran recibir la bendición, que se pongan de rodillas”. El pocito estaba cerca de una quebrada rodeada de un pedregal, por esta razón nadie se arrodilló. Tiempo después, la abuelita de Juan Ángel repitió: “Dice Juan Ángel que dice la Virgen que aquellos que quieran recibir la bendición se pongan de rodillas”. Casi nadie se puso de rodillas. Por tercera vez la abuelita repitió: “Dice la Virgen que los que quieran recibir la bendición se pongan de rodillas”. La multitud no respondía y al poco rato, dijo la abuelita: “dice el nene que dice la Virgen que no se puede dar agua del pozo hasta las diez de la noche”, y en ese instante, el pozo se secó y, para indicar que se había secado, se le puso una tapa.

Tanto Juan Ángel como las niñas no sabían distinguir la diferencia entre las horas del día y mucho menos sabían leer un reloj. Además ninguna de las personas allí presentes tenía reloj, a excepción de un hombre que tenía uno en su brazo. Esta persona era uno de los que no se habían arrodillado y dudaba que los niños estuvieran diciendo la verdad, por lo que aprovechó la oportunidad para descubrir si esto era cierto y dijo: “Ahora voy a ver si es verdad lo que dicen estos niños”. Se mantuvo muy pendiente y cerca de los niños, por varias horas. Al escucharse el anuncio: “Dice la Virgen que ahora se puede dar agua”, la multitud de personas allí reunidas corrieron hacia el señor que tenía el reloj, y para sorpresa de todos, marcaba las diez en punto de la noche.

Muchas de las personas allí presentes sintieron gran remordimiento y tristeza por haber dudado de las palabras del niño y no haber obedecido la indicación que la Virgen les dio de arrodillarse para recibir su bendición. Incluso una señora, Doña Herminia Figueroa, que años después sería maestra de Juan Ángel y Ramonita, hizo un rosario de rodillas en el pedregal en desagravio por su falta de fe. Ella comprendió ese día la importancia de hacer el rosario de rodillas y así lo ha hecho durante toda su vida.

La Santísima Virgen quiso enseñarnos que es necesario obedecer al momento el mandato de Dios. No importa lo difícil que sea, lo importante es ser dóciles a la voluntad de Dios.

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El árbol que fue tocado por la nube

En una ocasión en que la Santísima Virgen se acercaba, su nube rozó uno de los árboles del lugar. Don Eladio García, el policía que protegía a los niños testifica que Juan dijo: “Ahí viene la Virgen, cerca del árbol. Miren, el árbol se está marchitando”. El policía, dudando, le preguntó: “¿De verdad?” y cuando miró toda la parte izquierda del árbol había cambiado de color. Las hojas del árbol tornándose de color amarillo-dorado, cayeron al suelo.

Se lee en los periódicos de la época que las personas que se encontraban allí presentes fueron testigos de este acontecimiento. Los fieles comenzaron a recoger las hojas del árbol, luego cortaron pedazos de las ramas y la corteza hasta finalmente llegar a arrancar las raíces para tener un recuerdo de lo que habían presenciado. Esta fue una manifestación más de lo sobrenatural, señal visible de la presencia real de la Santísima Virgen, señal que tuvo como finalidad aumentar la fe del pueblo creyente.

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La foto de la Virgen

Durante la visita de la Santísima Virgen en el 1953 muchas cosas ocurrieron, hechos hermosos llenos de simbolismos y enseñanzas, sucesos sobrenaturales que daban testimonio de la presencia de la Virgen en aquel lugar. Uno de los sucesos más impresionantes fue cuando uno de los presentes tomó una foto del lugar donde los niños señalaron que se encontraba la Virgen durante una de las apariciones. Para su sorpresa, al revelarla, apareció la silueta de la Virgen.

Copia de esa foto se encuentra en el libro, La Verdadera Historia, Aparición de la Virgen en Sabana Grande de la Sra. Noelle Méndez de Guzmán.

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La Virgen en procesión con velas encendidas

Durante los días en que la Virgen se estuvo apareciendo a los niños, una tarde en la sala de la casa de su abuelo, el niño Juan Ángel dijo:

“Mañana a las siete de la noche, la Virgen va a hacer una procesión con velas. Vamos a salir con velas desde donde termina la carretera hasta el pozo.”

Y al otro día, a las siete de la noche, desde la casa de Juan Ángel, que queda en una lomita, podía observarse una multitud de personas con velas encendidas a todo lo largo de la carretera, según había explicado el niño.

En conmemoración a este suceso, por muchos años, el 25 de mayo, se hizo una gran procesión con velas encendidas desde el pueblo hasta el pocito, en un acto de veneración a nuestra Madre, la Virgen María, quien en forma muy especial acompaña a todos los devotos, ese día en que se clausura la celebración de su visita a Sabana Grande.

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El milagro de la pintora Nora Freyre

Desde temprano en la madrugada, eran muchas las personas que llenas de fe, hacían filas para poder recibir curaciones y milagros del agua de aquel manantial que había sido bendito por la Santísima Virgen. Uno de los milagros más hermosos e impresionantes fue el de la señora Nora Freyre, pintora mayagüezana, quien en su silla de ruedas fue a pedirle a la Virgen misericordia, pues tenía dos hijos también impedidos.

Padecía del corazón y hacía ocho años que estaba paralítica por causa de un derrame cerebral. Aunque estuvo haciendo fila para recibir agua del pozo desde muy temprano en la madrugada, todavía a las dos de la tarde no había podido llegar al pocito, por lo que unos miembros de la policía compadecidos por su estado, le cedieron un turno de preferencia, permitiendo que sus familiares la bajaran y la dejaran frente al pocito en su sillón de inválida. Cuando le dieron un vaso del agua bendita por la Santísima Virgen, comenzó a rezar; y entregándole a Dios todo su pensamiento, con fervoroso recogimiento, le pidió con todo su corazón a la Virgen que intercediera por ella, para obtener la divina misericordia de Dios.

Doña Nora Freyre rezaba y pedía principalmente por la salud de sus hijos. Ella dice que cuando tomó agua por segunda vez comenzó a sentir un frío intenso que invadió su cuerpo y sintió que se elevaba. Por un momento pensó que se estaba muriendo, puesto que las oraciones de las personas que la rodeaban las escuchaba cada vez más lejanas. Se abrazó a un crucifijo que su hermano había colocado en su pecho y comenzó a clamar auxilio a la Virgen.

En un instante aquel frío se convirtió en una sensación de calor. Comenzó a temblar, era un raro estremecimiento que sacudía todo su cuerpo. Esto causó que el vaso de agua que llevaba en sus manos se derramara sobre sus piernas, que estaban casi en el hueso. En esos mismos instantes como si no se diese cuenta, se puso de pie.

Así estuvo un rato, luego subió corriendo por la loma. Después bajó caminando, sin la ayuda de nadie. La atrofia de sus piernas había desaparecido, estaba completamente curada.

Mientras esto ocurría la Virgen se encontraba con los niños y con la gente que los seguía en la carretera que llegaba más allá del pozo. Juan Ángel había dicho: “Vamos a quedarnos un ratito aquí.” Así lo hicieron, unos descansaron, otros meditaron y al rato Juan Ángel dijo: “Dice la Virgen que vayamos al pozo que va a hacer un milagro.” Bajaron todos corriendo, y al llegar al pocito vieron a una señora que se estaba levantando de su silla de ruedas. Llegaron en el momento exacto en que Nora Freyre se estaba curando. Cuando vio a los niños, le dio mucha alegría. Juan Ángel le dijo: “Dice la Virgen que vayamos al pueblo.” Entonces, un médico presente en el lugar, le dijo a Nora Freyre: “Usted no puede ir hasta el pueblo porque eso le va a causar la muerte. Usted hace ocho años que está en un sillón de ruedas y su corazón está débil, y la distancia al pueblo es muy larga.” (Del pozo al pueblo hay casi tres kilómetros, y para aquel tiempo la carretera estaba muy deteriorada.) Nora Freyre le contestó: “Bueno, si la Virgen lo dice, yo voy, que ya Ella me cuidará.” Así lo hizo. Ese día caminó más de tres kilómetros, pues al llegar al pueblo de su residencia, en Mayagüez, se bajó del auto y caminó por las calles, acompañada de un numeroso público que quería verla personalmente. Ella se asombraba pues no sentía siquiera cansancio; y desde aquel día, hasta el día de su muerte, justamente a los treinta y tres años de su curación no tuvo que volver a sentarse en otra silla de ruedas.

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Iglesia cerrada a peregrinos

La multitud que seguía a los videntes que caminaban tras la Virgen peregrinaba de dos a tres veces al día del pozo al pueblo. Los niños videntes seguían detrás de la Santísima Virgen siempre en fila y la gente detrás de los niños, al mismo paso. Cuando se dirigían hacia el pueblo, la gente que se quedaba en el pueblo decía: “Ahí vienen los muchachitos de la Virgen, ahí vienen con la Virgen.” Ellos iban con la intención de que el párroco les diera la misa, pero cuando él se enteraba de que venían se montaba en su camioneta y se iba, porque tenía órdenes de no mezclarse con nada que pasara en el pozo. Esto sucedió, por lo menos, en tres o cuatro ocasiones.

El día de la curación de la señora Nora Freyre fue un día muy especial. La Virgen le dijo a Juan, que fueran a esa hora con Doña Nora a la iglesia del pueblo porque allí se celebraría una misa. El párroco Romualdo Ortiz supo que venían miles de personas. Avanzó y cerró la iglesia por los cuatro lados, y se fue. En eso el policía que acompañaba a los niños para protegerlos, Eladio García le dijo a Juan Ángel: “Ya el padre se montó en la camioneta y se fue. No nos va a recibir. ¿Ahora, qué hacemos?” Juan Ángel le contestó: “No nos vayamos. Dice la Virgen que va a hacer un milagro.”

Al llegar a la iglesia, trataron de entrar por una de las puertas, pero estaba cerrada, fueron por la puerta principal y también la encontraron cerrada. Todas estaban cerradas. Doña Nora Freyre se dirigió hacia la puerta de entrada al templo y comenzó a rezar un rosario. Mas tarde, la gente que esperaba por el padre para que los recibiese, comenzaron a hacer comentarios. Por lo que Juan Ángel dijo: “Dice la Virgen que hagan silencio, que por favor hagan silencio.” Y al momento, la gente cooperó y permanecieron en silencio. Al transcurrir cinco minutos de profundo silencio, la gente comenzó a escuchar una música, algunos pensaban que era de órgano, otros decían que era tan hermosa que no podía ser un órgano. Eran como unos cánticos celestiales. De momento las campanillas sonaron. Entonces, los niños expresaron que la Virgen decía que ya estaban celebrando la misa. Muchos cayeron de rodillas diciendo: “Yo creo en eso, si ustedes no creen, no crean, yo creo y ahí tienen la prueba.” Otros aún dudando, queriendo ver si era que alguien estaba tocando algún instrumento, se iban por la puerta lateral a oír la música, se iban por el lado de la sacristía y la seguían oyendo. No encontraron a nadie en la iglesia, porque no había ninguna persona dentro de ella. Los peregrinos en silencio escuchaban, Doña Nora continuaba rezando el rosario y por mucho tiempo se estuvo escuchando la música y los cánticos. Cuando terminó la música, todas las personas se dispersaron.

Con esto, la Santísima Virgen quiere alertarnos, que aún cuando nos cierren las puertas de la iglesia, no desfallezcamos, busquemos entrar por otra puerta. Debemos tener la fe y la confianza que cuando se cierren unas puertas, se nos abrirán otras.

También se nos recuerda que si vamos a seguir a la Santísima Virgen no podemos estar esperando éxitos como los entiende el mundo, tan sólo obtendremos triunfos para Dios. Triunfos que resplandecerán al aceptar pruebas de dolor, sufrimiento y persecución, cumpliendo así con la voluntad de Dios.

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Andreíta

Durante los 33 días de la aparición de la Virgen en el Pozo de Sabana Grande, había un pequeño grupo de personas que siempre seguían a los niños videntes. Un día una de estas personas, llamada Andreíta, a quién los niños querían mucho, no llegó y estos se preocuparon. Pensaron que la Virgen les podría decir que le pasaba a Andreíta que no llegaba. La Virgen les contestó: “No se preocupen que ella va a llegar”. Poco a poco la Virgen les fue diciendo donde Andreíta se encontraba y que era lo que estaba haciendo. Les decía: “Ahora está saliendo de su casa”. “Está cerrando el portón”. “Viene de camino”. “Está caminando por la orillita de la carretera”. “Ahora está entrando cerca de la escuelita”. Cuando estaba cerca, les dijo: “Ya ustedes la pueden ver”.

Con este relato la Virgen nos quiere decir, que conoce todos nuestros pasos. Sabe lo que estamos haciendo en todo momento. Conoce lo que hacemos y lo que dejamos de hacer, nuestros pensamientos y nuestras obras. La Santísima Virgen María lo conoce todo, por la intimidad tan grande que tiene con Dios.

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Las libretas perdidas

Uno de los 33 días en que la Santísima Virgen se estuvo apareciendo, Juan Ángel caminó con la multitud que lo seguía hasta su casa y después de sentarse en un sillón, le dijo a Andrea Nazario, una joven universitaria que se encontraba allí, que la Virgen quería que buscara una libreta y un lápiz para que copiara lo que él iba a decir. Juan Ángel comenzó a narrar la historia del mundo desde la creación, desde antes de nacer Jesús. Juan dijo, “Yo les voy a hablar desde que empezó el mundo hasta ahora que estamos aquí, todo lo que pasó”. Andreíta y los otros se preguntaban como Juan podía saber todo eso, con ocho años de edad nada más y sin jamás haber oído de historia.

Juan, mirando fijamente un punto determinado en el suelo, comenzó a hablar narrando lo que veía. Andreíta estuvo copiando todo lo que Juan decía desde la una de la tarde hasta las seis de la noche. Llegó a llenar dos cuadernos con relatos desde el principio del mundo, hasta aquellos días; pero ella no se cansó nunca de copiar y eso la asombró muchísimo. Juan les habló de la Virgen, cuando iba con San José, cuando se montaba en la mula, cuando nació el Niñito. También les habló de todas las guerras que hubo, de cuando crucificaron a Jesucristo. Él incluía detalles como los nombres de los lugares y de las personas, quien estaba sentado aquí y quién estaba sentado allá, quién se había ido y quién había llegado.

Estos cuadernos estuvieron en manos del Sr. Ángel Nazario durante varios años. En la actualidad se encuentran extraviados. Pidamos al cielo para que un día, no muy lejano, aparezcan estos documentos de tanta importancia para la historia de esta aparición.

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Don Eladio, el policía

A los tres videntes de la Santísima Virgen, Juan, Ramonita e Isidra, la autoridad civil les asignó un policía para que les cuidara y protegiese. Su nombre era Eladio García, a quien conocían como Darío.

Uno de los 33 días de la aparición, mientras subían a un monte cercano al Pozo entre la 1:30 a 2:00 de la tarde, Darío dijo con tono de queja: “Juan Ángel, me siento cansao”, y de inmediato dio un resbalón y se cayó, haciéndose una herida grande en el dedo índice. Al sangrarle el dedo, Juan le dijo: “¡Te cortaste Darío! No te apures, dice la Virgen que te va a curar, extiende tu dedo.”

Ramonita dijo: “Mira, mira le está echando una cosa verde en el dedo, la Virgen le está echando una cosa verde en el dedo. ” En ese momento el dedo se le curó.

El policía tenía que estar con los niños videntes todo el tiempo, desde bien temprano en la mañana hasta bien tarde en la noche. Su trabajo era verdaderamente agotador, ya que iban de dos a tres veces al día, desde el pocito hasta el pueblo corriendo. Sin embargo, la Virgen le había prometido que lo ayudaría con su cansancio y así fue. Don Eladio asegura que desde ese momento el cansancio desapareció.

Durante los días de la aparición los niños caminaban constantemente detrás de la Santísima Virgen. Ella nos quería enseñar que es necesario actuar con esmero y mucha prontitud trabajando para las cosas de Dios. El tiempo es gracia de Dios que no podemos dejar perder. Urge llevar los mensajes de la Virgen del Rosario del Pozo a todos los pueblos del mundo. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos debemos estar al servicio de Dios, sin quejarnos.

La Santísima Virgen también quería enseñarnos que no debemos preocuparnos por nuestro cansancio, pues Ella puede remediarlo. La Virgen quiere que le pidamos que nos cure de nuestros miedos, debilidades y pecados, de nuestra falta de fe y confianza en Dios. Ella quiere que imitemos a su Hijo Jesús, quien invocó al Padre pidiéndole fortaleza para enfrentarse a su cruz y no desfallecer.

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La Virgen pide el rezo de siete rosarios

Durante los días de la aparición, muchas fueron las enseñanzas que dio la Santísima Virgen a los tres niñitos manifestando así el propósito de su visita.

Un día la Santísima Virgen hizo un pedido. Deseaba que en aquel lugar se rezaran siete rosarios diarios, por la paz del mundo y la conversión de los pecadores, pedido que hasta el presente se ha cumplido diariamente.

Este pedido fue profético y muy significativo. Profético porque nos anticipaba la necesidad de mucha oración por un mundo donde no habría paz y en donde reinaría el pecado, la indiferencia y el egoísmo de los hombres. Significativo porque el número siete significa Plenitud. Toda la aparición de la Santísima Virgen queda enmarcada dentro del número siete, recordándonos la perfección del mensaje.

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La lluvia de colores

El 25 de mayo de 1953, último día de la aparición ocurrieron muchos milagros, entre ellos la lluvia de colores que cayó sobre la multitud, mojándolo todo. Al momento cesó la lluvia y todo quedó seco. Al mirar sus manos muchas personas las vieron mojadas por gotas de colores. Al día de hoy varias personas aún conservan ropa manchada con las gotas de la lluvia de colores. Al igual que el primer día de la aparición, la Santísima Virgen quiso cerrar su manifestación en Sabana Grande con el arco iris, símbolo de la alianza de Dios que Ella vino a recordar a los hombres de este tiempo.

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Visión de la maestra

Un día la Santísima Virgen le dijo a Juan: “Dile a la maestra que yo quiero que se construya una capilla en este lugar.” Él le comunicó el pedido a la maestra, y doña Josefa le dijo a Juan: “Dile a la Virgen que yo no dudo de Ella pero me gustaría que me diera una prueba”. Cuenta doña Josefa que acompañó a Juan para darle su contestación a la Virgen y al llegar, Juan le dijo a la maestra lo que la Virgen le estaba comunicando: “Sí, Ella le va a dar una prueba”. Doña Josefa no sabía cómo ni cuando, pero tenía fe y sabía que recibiría la señal.

El 25 de mayo de l953, último día de la aparición, a las once de la mañana, doña Josefa se fue abriendo paso entre la muchedumbre y llegó hasta donde estaban los niños. De pronto los niños comenzaron a decir: “Ahí viene la nube. Ahí viene la nube”. Ella sabía que era la Virgen la que venía, y se arrodilló con su rosario. En ese momento vio la nube de la Virgen que se fue acercando. Tenía unos contornos perfectos, ovalados y de un color gris oscuro, como cuando va a llover. Venía moviéndose lentamente hacia ellos. La nube se detuvo cerca del pozo y comenzó a formarse una luz en su centro que brillaba cada vez más.

En ese momento la maestra se puso de pie y levantó su rosario en dirección hacia la nube; siguió observando y vio cómo se formó una capilla idéntica a la que se encuentra actualmente en el Santuario del Pozo, que además está colocada en la misma posición en que se le presentó en esta visión. Sobre la capilla se formó la faz de Jesucristo con una corona de espinas y, sobre ésta, un rosario. De inmediato, un impulso hizo caer a la maestra de rodillas. Sintió como un ruido de relámpago y entonces vio como se dibujó un corazón luminoso que sirvió de marco a todo aquel cuadro celestial, que estuvo contemplando no sabe por cuanto tiempo.

Al desaparecer la nube, miró a su alrededor y vio a toda la multitud cubierta de una neblina azul pálido con lo que concluyó que era el manto de la Santísima Virgen que les estaba cubriendo. En ese mismo momento ocurrió un milagro de sanación en una dama griega y unos minutos después comenzó a llover torrencialmente.

(Doña Josefa murió exactamente siete meses después de la celebración del trigésimo quinto aniversario de la aparición y durante su entierro muchos de los presentes atestiguan haber presenciado una manifestación del sol parecida a la ocurrida el 25 de mayo de 1953).

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Ven a la Virgen bajando de la montaña

A las once de la mañana del 25 de mayo del 1953 los peregrinos comenzaron a gritar que veían a la Virgen bajando una montaña cercana al pocito. Una señora retrató dos veces hacia la montaña, hacia el lugar donde la gente decía que veía a la Virgen bajando. Al revelar las fotos se llevó la sorpresa de que en las dos fotos de la montaña apareció la figura de una mujer vestida con hábito negro. Puede distinguirse que además del manto llevaba algo sobre su cabeza.

Ese mismo día un periodista de San Germán le había dicho a Juan Ángel: “Mira, si es verdad que tu ves a la Virgen, dile que se deje retratar por mí, para saber si es seguro que Ella está aquí”. Entonces Juan Ángel bajó la cabecita como cuando escuchaba a la Virgen y dijo: “Dice la Virgen que Ella va a aparecer en una película”. Hoy día, se conserva una película de ocho milímetros, tomada por otra persona, donde se ve claramente a la Virgen, entre las nubes, sobre la multitud de personas que estuvo presente el 25 de mayo de 1953. Esta imagen es más grande que el resto de las personas. Ella extiende sus brazos como si estuviese bendiciendo a la multitud allí reunida. La Santísima Virgen no realiza actos de magia. Los milagros que suceden por su intercesión tienen como propósito la conversión de un mundo donde falta la fe, la esperanza y la caridad.

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“Podrás lograr lo que te pida”

El último día de la aparición, Juan le preguntó a la Santísima Virgen que como, siendo él un niño tan pequeño, iba a poder cumplir con la misión que Ella le había encomendado. Ella le contestó que le demostraría que sí podría, que a las preguntas que Ella le iba a hacer contestara con sus manos y observara. (Según lo relatado por un artículo de periódico de la época, que dio detalles sobre este suceso, la multitud calculada en más de cien mil personas, comenzó a hacer movimientos con las manos imitando al niño Juan).

Una de las preguntas que la Virgen le hizo fue si quería ir al cielo, a la cual el niño contestó que sí abriendo y cerrando los dedos de sus manos. Para su sorpresa las miles de personas que estaban allí, hacían lo mismo que él, abrían y cerraban los dedos de sus manos. El policía que protegía a los niños, lo hacía y mandaba a todos a hacer lo mismo. Luego la Virgen le preguntó si quería ir al infierno y él le dijo que no, moviendo el dedo de una de sus manos de lado a lado. La multitud volvió a imitarle. Otra de las cosas que Juan hizo y que la multitud imitó fue trazar unos corazones con los dedos. Después comenzó a mover su dedo desde la barbilla hasta la frente, y luego alternadamente se tocaba las mejillas. La multitud repetía los movimientos del niño sin saber lo que hacían, ni porqué.

Finalmente, Juan mandó a todos a alzar los brazos hacia arriba en ángulo de 45 grados de manera que pudiesen recoger con las manos el agua de una lluvia de colores que comenzó a caer en esos momentos. Después de un ratito Juan le dijo a la multitud: “Miren, sus manos están secas”. Eso causó un revuelo entre la muchedumbre por el milagro.

La Virgen quiso enseñarnos que no tenemos que sentir miedo ante cualquier empresa que Dios nos pida, por grande y difícil que nos parezca. Si es un mandato de Dios, a través de la Virgen, y estamos dispuestos a obedecer, Dios que es Todopoderoso hará el resto. La Virgen nos dice que de su mano y con la gracia de Dios, podremos realizar cualquier cosa que Ella nos pida.

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La Virgen se despide vestida de color rosa

La Santísima Virgen en Sabana Grande se presentó vestida con túnica blanca y manto azul además de su corona de siete estrellas, el broche, el rosario, el cinturón y las sandalias. El 25 de mayo, último día de la aparición, la Santísima Virgen desapareció de la vista de Juan Ángel. En ese momento el niño miró hacia la multitud y la reconoció por su luminosidad y belleza caminando entre la multitud. Vio a la Virgen con un vestido color rosa, de mangas largas y cuello alto, como las mujeres de la época. Entonces, la Santísima Virgen, mirándolo profundamente y agitando la mano, se despidió, dio media vuelta y se perdió entre la multitud.

La Santísima Virgen se quedó con su pueblo y camina con nosotros para formar la nueva estirpe pedida por su Amadísimo Hijo. Esto simboliza que su presencia de formación, protección e intercesión maternal se quedó entre nosotros.

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“Ahora es que todo comienza”

Solía suceder que los niños videntes pasaban días sin tomar siquiera agua puesto que, al estar ante la presencia de la Virgen, se olvidaban de todo, hasta de comer. Toda su atención se concentraba en lo que la Virgen les mostraba y enseñaba. Según recuerda doña Herminia Figueroa, maestra de cuarto grado de Juan Ángel y Ramonita, el papá de las niñas videntes, don Agapito Belén, se preocupaba mucho por la salud de sus hijas porque había días en que apenas comían. No bien se sentaban en la mesa, de momento oían: “La Virgen dice que vayan allá, que las necesita…”

De inmediato, las niñas dejaban de comer y se iban. Doña Herminia notaba que los niños no se quejaban de hambre ni de sed. Era como si no estuviesen en este mundo. Pero don Agapito, que siempre estuvo preocupado por la salud de sus niñas, una vez finalizados los treinta y tres días de la aparición, le dijo a Isidra: “Ay nena, me alegro que esto haya ‘pasao’, así ustedes están más tranquilas. Ya no tienen que estar con ese corre, corre. Gracias a Dios que se acabó todo y ahora ustedes están tranquilas. Nosotros también porque ya todo esto se acabó.”

Entonces, Isidra le dijo: “Eso crees tu papá. Aquí va a venir más gente que la que vino hoy. Ahora es que todo comienza.”

Al celebrarse los 33 años de la aparición, en abril de 1986, volvió a repetirse la multitud de 1953 y cientos de miles a partir de entonces celebran cada año el aniversario de la aparición.

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“¡Virgencita, si yo pudiera arrodillarme!”

Durante los treinta y tres días de la aparición de la Virgen del Rosario en el Pozo de Sabana Grande, Juan, Ramonita e Isidra solían estar con la Virgen en un lugar donde hoy se encuentra una imagen de la Virgen en un pedestal de piedra, y que se le conoce como la gruta de la Virgen.

En ese lugar han ocurrido muchos milagros. Allí se presenció el milagro de una joven de Aibonito. Ocurrió en una Semana Santa luego del año 1953. La joven llegó con muletas al pozo, acompañada por sus familiares y mucha gente. Se detuvo, ante la gruta de la Virgen, luego entró en la capilla porque estaba lloviendo fuerte, y al enfrentarse a la imagen de la Santísima Virgen en el altar, dijo: “Virgencita, si yo pudiera arrodillarme.”

Al decir estas palabras, cayó de rodillas. Se escucharon gritos y llantos. Todos en la capilla estaban emocionados por el milagro. Ella lloraba de emoción y alegría, y la gente también. Ese día dejó las muletas y, en agradecimiento a la Santísima Virgen, todos quisieron rezar el rosario.

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El milagro del sol

El 25 de mayo de l953, último día de la Aparición ocurrió un gran milagro, un hecho sobrenatural del cual miles de fieles presentes fueron testigos.

Don Ángel Nazario lo relata de la siguiente manera: “El nene iba caminando a las once, poco a poco, pues la Virgen iba al frente. Un señor le dice a Juan Ángel: “Mira nene, párate ahí. Dile a la Virgen que haga algo pa’ que la gente no venga aquí a novelerear, pa’ que crean en Dios. Ni yo mismo creo que la Virgen va ahí. Yo no veo na'”.

“Juan Ángel siguió caminando, se paró y miró pa’ el piso. Dijo: Dice la Virgen que pa’ que los que están aquí, que si quieren creer en Dios y en la Virgen que miren pa’ el cielo. Todos miraron”.

“Eran las once de la mañana, hora en que el sol estaba más brillante, y el sol se puso como del tamaño más grande que esta rueda. Se puso amarillo. No molestaba a la vista. De ahí cogió pa’ acá abajo. ¡Cuando vimos que el sol venia bajando, el que no sabía rezar repetía lo que decía él del lao! Cada cual rezó a su manera. El que no se hincó se pegó en la tierra. Esperábamos la última decisión, cuando vino y se quedó en una altura fija. Se podía ver el sol redondito, sin hacerle daño a la vista. En un momento dado volvió otra vez a su sitio y siguió calentando igual”.

En esos momentos comenzó la lluvia de colores. Don Ángel relata: “La lluvia a colores fue a las once de la mañana. La gente la podía recibir en las manos. Las gotas tenían colores distintos. A mi me cayó en la ropa. Cuando me miraron: ¡”Mira tú, estás pintao”! Luego todo el mundo seco, pero mi camisa se quedó marcá.”

Cientos de personas testifican haber visto el sol dando vueltas, lleno de colores, que parecía venir sobre la multitud y alejarse nuevamente. La Santísima Virgen en su última aparición en Sabana Grande dejó el sello de autenticidad en muchas de sus manifestaciones: El milagro del sol.

Después de 38 años, el 21 de abril de 1991, temprano en la mañana, cuando una multitud inmensa llegaba al Barrio Rincón Pozo de Sabana Grande, para la celebración del 38 aniversario de la aparición de la Santísima Virgen, ocurrió nuevamente el mismo hecho sobrenatural de 1953. Cerca de las diez y quince de la mañana, una vez finalizado el rezo del santo rosario, una nube oscura cubrió el sol. Inmediatamente el sol quedó al descubierto y ocurrió el prodigio maravilloso en el cielo. El sol comenzó a girar, daba vueltas vertiginosamente y cambiaba de colores. Se podían ver todos los colores del arco iris. En un momento el sol comenzó a bajar y todo se llenó de color. La ropa de los allí presentes y toda la naturaleza se llenó de muchos colores, de acuerdo al color que los rayos del sol despedían en ese momento.

Muchos cayeron de rodillas, otros aplaudían, oraban, lloraban y daban gracias a Dios por aquel regalo, por aquella manifestación tan esplendorosa. Fue una fiesta en el cielo que duró 20 minutos ante los ojos maravillados de más de 100,000 peregrinos. El sol danzó y parecía que todo se iluminaba con la gracia de Dios.

Muchas cámaras de video y fotografía captaron los hechos y son prueba maravillosa de lo que allí aconteció. Una vez más queda comprobado que los hechos ocurridos en el Pozo de Sabana Grande desde el 1953 son reales y verdaderas manifestaciones de Dios.

Nuevamente, en la clausura de ese aniversario, Dios, en su infinita misericordia, quiso recompensar a miles de hijos fieles que se reunieron para venerar a la Santísima Virgen. El 25 de mayo de 1991, en la clausura de las celebraciones del 38 Aniversario, volvió a ocurrir el milagro del sol.

Después de un día lluvioso, al caer la tarde, mientras el cielo se mantenía nublado y ante la presencia de miles de devotos reunidos en la Plaza de Sabana Grande, al terminar el rezo del “Ángelus” se abrió como un hueco en el cielo. El sol salió y comenzó a subir, desafiando todas las leyes naturales y empezó a pulsar rítmicamente.

Muchos gritaron: “Miren al sol”. El sol comenzó a cambiar de colores predominando el color rosado y el amarillo-dorado. El pueblo devoto reunido allí dio gracias a Dios por esta nueva manifestación. Este suceso duró alrededor de unos 10 minutos. Fue de menor intensidad, pero con el mismo esplendor que el del 21 de abril de 1991.

La Santísima Virgen del Rosario, como Madre maravillosa y perfecta que ama profundamente a sus hijos fieles, les regala el milagro del sol como confirmación de su amor y para que ante la prueba “permanezcan firmes en el Verdadero Camino”, en la Iglesia de su Hijo según nos dice en su segundo mensaje.

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